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Lo que Napoléon me enseñó sobre los negocios y la cordura
Agosto a las puertas, la calma de verano en negocios y empresas. Este mismo boletín se toma también unas semanas de vacaciones.
Porque parar es necesario.
Toda esa cultura tóxica que diluye la línea entre trabajo y descanso destruye la productividad y las probabilidades de hacer una labor excepcional, en lugar de una mediocre y siempre agotada.
El músculo se genera durante el descanso, no durante el ejercicio.
Esa es una lección que nos cuesta mucho a los que emprendemos o tenemos responsabilidades, pero de veras que es fundamental. Porque si no, en vez de parar voluntariamente unos días cuando queremos, tendremos que hacerlo involuntariamente en el peor momento.
No se puede vivir de la adrenalina. Es un combustible fantástico para el corto plazo, pero insostenible y con un precio aún más elevado que la gasolina, si es que eso es posible.
Apenas se habla de la salud mental en los negocios, pero es crucial porque la mayor parte de este juego es mental, lo queramos reconocer o no.
Sin embargo, este no es el tema de hoy, aunque lo roza un poco. Vamos a ver la lección de mentalidad y gestión más importante que a muchos nos cuesta aprender.
Ser como Napoleón.
Que si a él le sirvió para poner en jaque a Europa, sin duda nos servirá a nosotros para objetivos un poco más modestos, como nuestros negocios.
Lo que aprendí de Napoleón
Varias cosas, pero la principal es esta:
A veces, la mejor solución es no hacer nada.
Y no hacer nada debe ser una herramienta más dentro de nuestro arsenal de gestión. Para mí, dado a la necesidad casi patológica de control de cada suceso, no hacer nada es mucho más difícil que pasarme la noche en vela arreglando lo imposible.
Me da que no estoy solo en esto.
¿Y qué tiene que ver Napoleón? La manera en que practicaba esta técnica es fascinante e ilustrativa de cómo funcionan las cosas en realidad.
Louis Antoine Fauvelet de Bourrienne fue su secretario y recibió instrucciones muy peculiares, como por ejemplo:
Durante la noche, ven a mis aposentos lo mínimo posible. No me despiertes cuando tengas buenas nuevas, porque con ellas no hay prisa. Pero cuando traigas malas noticias, ven enseguida, porque entonces no hay tiempo que perder.
Napoleón entendía la importancia del descanso y la ausencia de interrupciones (primera regla de la productividad). Sin embargo, lo que nos interesa hoy es otra cosa.
Durante la campaña en Italia, Napoleón recibía ingentes cantidades de correspondencia con asuntos «importantes y urgentes», como todos esos emails y notificaciones del Teams y del Slack que no paran.
Y para gestionarlos, Napoleón instruyó a Bourrienne a que dejara sin abrir todas las cartas durante 3 semanas.
Tras ese tiempo, observaba con satisfacción cómo la mayor parte de esa correspondencia se había solventado por sí misma y ya no requería respuesta.
Para los que tendemos a la maldita microgestión, esta lección es oro.
La mayoría de gente va a volcar sobre nosotros cualquier cosa que pueden (o deben) solventar ellos mismos. Si tardas en reaccionar, muchas veces recibes otro mensaje diciendo: «No te preocupes, ya está», o bien te dicen que eso ya pasó cuando finalmente respondes. Otras veces, ni se acuerdan ya. Pero tenemos el gatillo fácil para enviar un mensaje instantáneo con lo que nos pica, porque sale gratis y muchos dejamos lo que estamos haciendo para cocinarle el plato a otro.
Luchamos contra el mismo monstruo que Napoleón, pero con más cabezas y más veloz.
Hoy día, en este contexto de móviles y colaboración en línea, que tanto daño han hecho (no es extraño que los mejores estén implantando una colaboración asíncrona, porque no hay manera de hacer nada entre notificaciones y mensajes constantes) la sabiduría de Napoleón es más necesaria que nunca. Porque a veces, de veras que la mejor solución es no hacer nada.
Napoleón dominó al resto de imperios aboliendo la microgestión y delegando.
Ante la futura batalla, se reunía con sus generales y determinaban los objetivos principales a conseguir y las líneas de acción fundamentales.
Una vez hecho eso, tenía total confianza en que sus generales ejecutaran el plan y lo variaran como fuera necesario sobre el terreno, ante los inevitables imprevistos, con el fin de conseguir los objetivos principales.
Porque Napoleón comprendía bien lo que Mike Tyson concretó con elocuencia cuando dijo:
«Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un puñetazo en la boca».
Y si estos principios pusieron de rodillas a los mejores de la época, algún valor tendrán.
Para mí, la dificultad principal está, por supuesto, en saber cuándo usar la herramienta del no hacer nada. Porque me cuesta, me engaño diciendo que el mundo no va a girar si no lo empujo yo. Pero otra de las cosas que aprendí es que el mundo sigue cuando no estoy y seguirá cuando me haya marchado.
No soy, no somos, tan importantes, y eso es muy liberador aunque el ego se rebele. Nos quita la presión para irnos sin culpa, descansar y volver con fuerza, con la sabiduría de Napoleón para la batalla de mañana.
Así que, firmo ya esta carta con un hasta pronto, sin importar que muchos la abran dentro de tres semanas.