Parece que conservar la cordura y emprender es imposible, hay que elegir una cosa u otra. Pero no tiene por qué ser así si cultivamos una habilidad esencial: el desapego.

Porque emprender es, en gran parte, un juego psicológico.

Y vamos a perder ese juego si no adquirimos la habilidad fundamental de dar un paso atrás y desapegarnos (en la medida de lo posible) de lo que esté sucediendo en el negocio. Cuando sea bueno y cuando sea malo.

Si no damos ese paso atrás y observamos todo con perspectiva, siempre vamos a estar reaccionando ante las cosas y, en vez de llevar las riendas, ellas nos arrastarán a nosotros adonde quieran.

La acción, y no la reacción, es la manera de vivir y llegar a algún lado. En los negocios también.

Convertirse en un «Profesional»

Hace mucho tiempo, leí un libro muy recomendable para todo emprendedor, aunque su público principal sean los artistas: The War of Art del escritor Steven Pressfield.

Sus dos primeras partes son excelentes, la tercera se puede obviar. Y la edición que hay por ahí en español es horrible, un crimen.

El concepto alrededor del cual gira el libro es el de convertirse en lo que él llama un «Profesional».

Y una de las características que tiene el verdadero Profesional es que nunca se apega del todo a su trabajo. Le pagan por hacer lo que hace y, si por lo que sea no sale, «no pasa nada». Empieza en otro lado y sigue haciendo su trabajo lo mejor que sabe y puede, independientemente de dificultades y retos.

Desapegarse del negocio implica que, cuando este se hunde, nosotros no nos hundimos detrás porque estamos irremediablemente atados a él. No nos arrastra, tenemos el control. El negocio es una herramienta para conseguir un fin, pero no es un fin en sí mismo.

Se puede apreciar cómo muchos emprendedores de éxito gestionan así sus negocios. Si es necesario, pivotan y lo dedican a otra cosa, si es necesario, salen de él y se dedican a otra cosa. Si un negocio cae, levantan otro.

El desapego aporta perspectiva

El desapego implica que, como emprendedores, lo mejor que podemos hacer para conservar nuestra cordura es ganar perspectiva de tiempo y distancia.

Cuando empecé con Recursos para Pymes no vendía mucho las primeras semanas, a excepción de un producto. Así que, a pesar de que la iniciativa era rentable, me sentía un fracaso.

Pero luego empecé a vender y, cuando pillé algo de tracción, pensé que era el rey del mundo y había dado con la clave del dinero a voluntad.

Tras una luna de miel, vino otra semana en la que, de pronto, no vendí nada. Examiné qué pasaba y no veía ningún error técnico, una y otra vez actualizaba las estadísticas y me preguntaba qué estaba ocurriendo.

Atado a mi iniciativa y, sobre todo, atado a la necesidad de resultado a corto plazo, caminaba por una montaña rusa de picos y valles, un viaje maníaco-depresivo donde pasaba, en menos de siete días, de ser Jeff Bezos a un fracaso que vivirá bajo un puente.

Y vuelta a empezar cuando las ventas surgían de nuevo.

Ese viaje es agotador. Los picos y valles no son el terreno por el que tenemos que caminar a la hora de gestionar un negocio.

Hasta el mejor pasará por semanas en las que no venderá. Otras veces, cerrará un negocio que arregla el trimestre y pensará que es un genio.

El emprendedor de verdad adquiere esa mentalidad de profesional, mira y juega a largo plazo, con indiferencia y preparado, sin apegarse demasiado al resultado a corto e insistiendo en seguir un sistema para llegar a su objetivo: ser el mejor y dar el mayor valor posible.

La necesidad de jugar a largo plazo

Una semana aislada, un buen día o el más terrible de todos, no nos dicen nada útil sobre una empresa y su destino.

Debemos aprender a mirar tendencias hacia arriba o hacia abajo, en vez de observar números aislados y en pequeño.

Al final, los emprendedores veteranos se han acostumbrado a los picos y valles. Saben que hay días buenos y días malos, es la naturaleza del juego.

No hay manera de librarse de esa rueda, pero hay manera de no atarse tanto a ella y que nos maree y nos agote.

Adoptar la mentalidad de profesional, de mercenario incluso, te da poder sobre la gestión de una empresa porque lo que ocurre cada minuto no te afecta tanto. Cuando va mal, haces lo que debes. Cuando va bien, haces lo que debes y refuerzas una posición de antifragilidad reinvirtiendo. Porque hoy hace sol, pero mañana volverá a llover.

Y es normal.

Si nos atamos a la necesidad de tener un éxito constante o rápido, preparemos el corazón, y no lo digo en un sentido romántico.

La perfección no existe

Por supuesto, somos humanos, la premisa principal de este boletín. Por eso, el desapego es imposible de aplicar el 100% del tiempo. Pero estaremos mucho mejor si lo conseguimos al menos en un 40%, o un 60%, que si no hacemos nada.

Cuando tengas un éxito, no te lo creas demasiado, porque solo pueden caer los que están arriba. Cuando algo fracase, no te lo tomes como algo personal, ese algo ha fracasado, no tú.

Tú no eres un fracaso, pero gestionar un negocio sí es una montaña rusa. Mejor desapegarse un poco de ella.