Retomamos el curso lectivo tras el verano con el ánimo de seguir disparando los filtros de correo no deseado, gracias a palabras comprometidas. También espero el puñado habitual de bajas de este boletín.

Porque la premisa de hoy es que, si hay algo aún más prevalente que el humo en el ámbito de los emprendedores, es la pornografía.

Ese es el término que se ha dado, al menos en la esfera anglosajona, al hecho de que la mayoría de gurús y expertos en el tema venden autoayuda enmascarada de sabiduría de negocio. Que, encima, no te ayuda de verdad, sino todo lo contrario. Las nociones que inculcan no solo no contribuyen a mejorar nuestras iniciativas, sino que instalan una serie de creencias falsas que colaboran en que se vayan a pique antes.

Teniendo en cuenta que, entre el 80% y el 90% de nuevas empresas ya no existen a los 5 años, tampoco creo que haga falta ayuda para eso. El juego ya es bastante difícil (y ya está lo suficientemente trucado) como para necesitar más palos en la rueda.

Esa pornografía suele darse en tres vertientes principales que, por razones prácticas, voy a definir con sus términos en inglés:

  • Hustle porn (Porno del empuje). O el mito de que lo que hace falta principalmente para triunfar es trabajar muy duro, apretar más los dientes, empujar y empujar lo que sea y a quien sea, con tal de llegar a esa cima dorada donde dice que se encuentra el gurú. Un gurú que, por supuesto, nos cuenta el cuento de que él está ahí por ese motivo. Un ejemplo claro es Gary Vaynerchuck, que ha influido en docenas de seudogurús, criptobros y emprendedores que no paran de repetir consignas del estilo en un lenguaje seudobélico.
  • Insight porn (Porno de la sabiduría). O disfrazar comentarios vacíos, obviedades y frases sin sustancia de profunda sabiduría de negocio. Como si de maestros antiguos repartiendo conocimiento se tratara, uno de los exponentes actuales más destacados es Simon Sinek.
  • Productivity porn (Porno de la productividad). Encarnado en esos emprendedores que se levantan a las 4 de la mañana, toman una ducha fría, meditan, hacen ejercicio, desayunan cosas raras y tienen medidos hasta los segundos del día. Su sistema de productividad es la envidia de todos, es lo que permite conseguir todas las metas y, por supuesto, te lo venden por un (no tan) módico precio. Una vez vi un minidocumental sobre uno de esos emprendedores y me pasé el rato preguntando en qué trabajaba concretamente y si iba a dedicar algún minuto del día a ello.

Y la realidad de eso es que, igual que el porno tradicional, todo es una fantasía del hecho de emprender perfectamente manufacturada, para hacerte creer en algo que, no solo no existe ni funciona así, sino que, cuando pones en marcha, nunca es como pensabas.

El producto perfecto

Entonces, ¿por qué existe?

Porque se trata del producto perfecto para cualquiera que quiera vender mucho sin importarle nada más: un sueño.

Una fantasía que, como nunca consigues del todo, puede ser revendida una y otra y otra vez, ya que no se va a hacer realidad.

Por supuesto, en esos casos, la culpa nunca es de los gurús o sus sistemas, es porque tú no has hecho suficiente.

Es el mismo truco inmemorial de venta que llevan usando los cultos, sectas y esa autoayuda tradicional para ordeñar a sus seguidores. El palo con la zanahoria que siempre persigues, pero nunca vas a alcanzar.

Cuando estos sistemas y consejos fallan, obviamente es porque no has empujado suficiente, no tienes la mentalidad adecuada o no te has organizado bien. Nunca es porque, básicamente, son fantasías imposibles de realizar y construidas sobre la nada o sobre premisas erróneas.

De hecho, ese «fallo» al conseguirlo por tu parte siempre tiene una solución, obviamente.

Siempre hay un seminario «avanzado» y más caro donde se explica mejor todo, siempre hay un sistema premium, un curso adicional y otro nivel más arriba que, de nuevo, pide imposibles en el mundo real y promete que, esta vez sí, el éxito te mirará por fin.

Muchas empresas son extremadamente rentables manufacturando esta clase de «productos perfectos» con ese sistema. No me gustaría que poner en marcha algo así fuera la lección práctica de hoy, aunque tampoco puedo controlar quién lee esto o las bombillas que enciende, pero, por favor, no, esto ya está demasiado saturado.

Las dos clases de contadores de cuentos

Entre los que promulgan los diversos géneros del porno de emprender están:

  • Los que se creen lo que dicen, cegados por el sesgo psicológico del superviviente.
  • Los que saben que no es más que otro esquema programado para sacar el mayor dinero posible.

Es decir, los ignorantes y los malvados. Y no sé muy bien cuál es el tipo más peligroso, porque, en ocasiones, la ignorancia hace mucho más daño que la maldad.

Las personas compramos constantemente fantasías porque las necesitamos como el respirar. A veces las compramos honestas, como en el caso de los libros, películas, series e historias que, paradójicamente, practican esa honestidad dejando claro que no son ciertas.

A veces las compramos del estilo que ya hemos visto, las que quieren aparentar que son verdad, pero no.

Somos humanos, la pornografía en todos los sentidos juega con eso y nuestros sesgos psicológicos. Pulsa botones para que compremos que no podemos evitar. No puedo decir que yo no haya caído alguna vez, especialmente cuando empezaba y era joven. Se aprovechan de eso, de cómo estamos programados psicológicamente.

En serio, esta es una lección sobre cómo los emprendedores somos explotados, mejor no contribuir a eso.