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Cómo evitar las decisiones estúpidas
¿Por qué personas inteligentes toman decisiones claramente estúpidas?
Emprender es decidir todo el rato sobre cosas inciertas. Es abrirse paso en una jungla sin caminos y la primera regla para que la selva no nos devore es no hacer tonterías.
Una obviedad, pero si miramos alrededor, CEOs y personas supuestamente inteligentes no paran de tomar decisiones realmente estúpidas. Nadie se libra, pero, ¿por qué es así?
Hoy veremos los principales motivos y trataremos de inmunizarnos contra ellos.
Y no voy a ser un hipócrita. Yo he caído mil veces en lo que vamos a ver y, cuanto más creamos que somos invulnerables a las decisiones tontas, más probable es que caigamos en ellas.
Por qué nos comportamos así
Todos tenemos sesgos psicológicos que nos hacen humanos y también propensos a equivocarnos innecesariamente.
Adam Robinson, inversor, maestro de ajedrez, educador y muchas cosas más, ha estudiado a fondo el tema y propone 7 factores que nos inducen a la estupidez, por muy inteligentes que seamos.
Pero antes de verlos, lo primero es ponernos de acuerdo sobre qué entendemos por estupidez en este contexto:
Pasar por alto o descartar información crucial, y claramente a la vista, cuando se toma una decisión o se actúa.
¿Por qué nos ocurre eso cuando no debería?
Los 7 factores que nos inducen a la estupidez
Los 7 principales motivos por los que alguien inteligente comete estupideces son:
1. Encontrarse fuera de su círculo de competencia
Que seas el mejor matemático del mundo no te hace ser buen médico. Que seas bueno construyendo coches o cohetes no te convierte en experto en geopolítica o redes sociales, más bien, al contrario.
Pero nos ciega el orgullo y, cuando lo hacemos bien en una cosa, creemos ser igual de buenos en las demás.
El término «Círculo de competencia» se popularizó gracias a los inversores Charlie Munger y Waren Buffet, dos de los más exitosos y que siempre recomiendan invertir dentro de ese círculo, en cosas que conocemos.
La moraleja es que, cuando estemos fuera de ese círculo de competencia, cuidado, la decisión estúpida ronda cerca.
2. El estrés
Nuestras habilidades cognitivas quedan muy comprometidas en situaciones de estrés.
Por eso, las decisiones tomadas en esos momentos pueden ser bastante estúpidas.
En la medida de lo posible, si podemos posponerlas y tratar de eliminar ese estrés, debemos hacerlo.
3. La prisa
Una variante de lo anterior. ¿Por qué los peores vendedores usan la presión? Porque saben que pueden arrancar decisiones tontas que, realmente, no queremos tomar.
Eso puede conseguir la compra en el momento, pero arruina la relación a largo plazo, que repitan con nosotros.
Cuando tengamos prisa o nos metan presión, debemos sacar tiempo si podemos, o es probable que hagamos una tontería.
4. La fijación con un resultado
Muchas veces nos obsesionamos con un resultado, incapaces de abrir nuestra perspectiva a opciones diferentes y quedándonos atrapados en un único objetivo y modo de pensar.
Eso también se traslada a no ser capaces de cortar los lazos con cosas que no funcionan y atarnos al Titanic que se hunde.
En Economía se habla de la falacia de costes hundidos. Comportarnos como el jugador de ruleta que cree que con otra apuesta más a doble o nada se va a recuperar, es invitar a la estupidez a casa.
5. La sobrecarga de información
Algo demasiado habitual hoy.
El exceso de información puede producir una parálisis por análisis, que sea difícil discernir qué información es importante y cuál es puro ruido.
Personalmente, este es mi talón de Aquiles, no sé cuándo parar a la hora de recopilar información que, pasado un punto, solo aporta confusión y probabilidades de cometer una estupidez.
6. Estar metido en un grupo donde la cohesión social juega un papel importante
La sabiduría de las multitudes un mito, excepto en situaciones muy concretas.
Además de eso, ciertos grupos tienden a hacernos un poco más tontos. Son aquellos donde la cohesión social es más importante que el objetivo para el que se creó dicho grupo.
Inmersos en ellos, tenemos miedo de llevar la contraria, perder influencia, el respeto de los demás o incluso que nos echen.
Cuidado si estamos en esos grupos y, para quien quiera saber un poco más, están los experimentos de Asch.
7. Estar en presencia de una autoridad o experto
Ante una autoridad, nuestro espíritu crítico se apaga y solemos hacer lo que nos dicen sin plantearnos mucho.
En muchos casos, si es un verdadero experto, es el mejor curso de acción, pero también podemos acabar cometiendo decisiones estúpidas.
Stanley Milgram, en su libro Los peligros de la obediencia, dijo:
Diseñé un sencillo experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.
El antídoto de la estupidez
Complicado, porque el enemigo de la estupidez no es la inteligencia, sino la humildad.
La de analizar si nos están afectando estos 7 factores y, en ese caso, retrasar la decisión o analizar desde cero y otra perspectiva.
Y si no podemos retrasar la decisión, podemos tener una opción radical en estos tiempos cuñados, decir: «No lo sé».
Impensable, sí, pero nos iría mejor.