La realidad de muchos negocios es que estos no morirán por la presión de la malvada competencia o algún otro motivo supuestamente épico, sino por aplastamiento bajo las mil pequeñas mierdas de siempre, que consumen nuestro tiempo y energía.

Lo cual nos deja agotados, desanimados y con lo importante por hacer.

Ya sabes, esa sensación de estar ocupado todo el día y, a la vez, darte cuenta de que lo importante sigue ahí. El eterno proyecto que no se lanza, la campaña sin ejecutar… Creo que todos conocemos la sensación y la situación.

Los motivos son muchos y uno de los principales es la procrastinación.

La tendencia a dejar para luego las cosas, que se decía antes de que el término se pusiera de moda.

El motivo por el que procrastinamos

En realidad, la procrastinación no tiene nada que ver con la pereza y solo unas pocas veces con el perfeccionismo, el motivo con el que muchos tratan de consolarse o justificarse.

La procrastinación tiene que ver con evitar emociones negativas asociadas a una tarea que, en muchos casos, tiende a ser, precisamente, la más necesaria para nuestro negocio.

De hecho, en lo personal uso la procrastinación como brújula. Si se da mucho con algo, puedo estar seguro de que es importante.

Hacemos lo que sea con tal de evitar esas emociones negativas y por eso nos distraemos con tareas o acciones de bajo valor, que nos dan ese pequeño subidón de dopamina. Desde ver otro vídeo tonto en TikTok, y ya van cien hoy, hasta meternos en redes sociales y decirnos que es networking.

Nuestra psicología, poco evolucionada para el largo plazo, prefiere demasiado esa gratificación instantánea de serie. Por eso, la procrastinación no es una tara ni un defecto, es pura humanidad.

La mentalidad más efectiva contra la procrastinación

Esto último nos lleva a algo interesante, el hecho de que ver la procrastinación como algo normal, en vez de machacarnos por sufrirla, es más efectivo a la hora de gestionarla.

De hecho, lo contrario, que es un enfoque adversario y bélico, como proponen algunos luchando contra la Resistencia, o jurando que derrotarán a ese enemigo como sea, suele llevar a más procrastinación.

Si a algo que tiene que ver con emociones negativas le asignamos unas cuantas más, solo echamos gasolina al incendio que tenemos que apagar.

Por eso, lo primero es no machacarnos más de lo que nos machaca la procrastinación y empezar a verla como lo que es. Pero creo que es importante señalar algo propio de estos tiempos y que no sucedía hasta hace poco.

El elefante en la habitación

Me gusta esa expresión anglosajona para hacer referencia al asunto que claramente está ahí ocupando todo e incomodando, pero que tendemos a ignorar. En este caso es el hecho de que, si siempre hemos tenido esa dicotomía entre gratificación instantánea y largo plazo, inclinándonos de manera natural hacia la primera, ahora la gratificación viene armada hasta los dientes.

Porque es innegable que las distracciones se han multiplicado y, mientras los expertos debaten si el móvil y la tecnología son adictivas o no, según los criterios académicos, la realidad es que son un arma de distracción masiva.

Si ya teníamos un camino cuesta arriba, la capacidad de atención se ha ido reduciendo cada vez más. Algunos datos hablan incluso del 60%-70%, pero no me importa la cifra. Me importa la realidad y el hecho de que la procrastinación tiene más munición que nunca.

Y como pelear sirve de poco, y más contra un enemigo que nos supera en número y armas, lo mejor es no hacerlo.

Es decir, evitar las distracciones y crear un contexto con las mínimas posibles.

Ya lo decía Oscar Wilde, que podía resistirlo todo, excepto la tentación. Lo mismo me ocurre a mí, así que mejor aislarme de ella.

De un tiempo a esta parte he abandonado la poca red social que usaba, siempre he tenido el móvil en silencio y dejar de leer noticias ha supuesto un enorme alivio y liberación de ancho de banda mental.

Tengo la suerte de ser lo bastante mayor como para recordar tiempos desconectados y, aunque no van a volver, acercarse a ellos de nuevo ha sido un bálsamo de productividad.

Y lo que es más importante, de salud mental. La procrastinación es un proceso ansioso de gestión mediocre de emociones negativas, mejorar esa salud mental, eliminando tecnología y fuentes de distracción, solo contribuye a reducir la procrastinación, incluso si no hacemos nada más.

Pero podemos hacer más.

La técnica que funciona en más casos

Cada persona es un mundo y, en algo tan personal como los procesos emocionales, las fórmulas que valen para todos no existen. Pero es cierto que, aprovechando la misma psicología humana y cómo es, hay una técnica que funciona mejor que el resto en la mayoría de casos.

Se trata de, simplemente, empezar.

Pero claro, el problema es que, precisamente, la procrastinación nos impide hacer eso, porque cuando pensamos en la tarea, aparece una enorme montaña que escalar y las horribles emociones asociadas.

Es por eso que, para conseguir empezar, reducimos la montaña a colina, o mejor dicho, a escalón. Y nos ponemos solamente cinco minutos.

Pero cinco minutos de verdad. Así, cuando pensamos que son solo eso, no nos produce tanto agobio.

Sin embargo, he aquí la clave de la efectividad de la técnica: la inercia.

Lo que está parado tiende a quedarse parado y lo que está en movimiento tiende a seguir moviéndose. Eso hace que, en muchos casos, cuando los 5 minutos han pasado, la mayoría de veces querremos seguir con la tarea aprovechando el impulso. Es más, le habremos dado la vuelta a la situación y tendremos emociones positivas asociadas a esa tarea, porque por fin estamos haciendo lo que toca y nos lo vamos a quitar de encima, o al menos, nos iremos a casa con esa satisfacción del trabajo hecho.

Pero debemos ponernos 5 minutos de verdad y, si no pueden ser más por lo que sea, que a veces ocurrirá, pues lo dejamos y probamos en otro momento a ponernos otros 5 minutos.

Pero si sabemos que, en realidad, los 5 minutos son una farsa para trabajar una hora, nuestra mente sentirá las mismas emociones negativas con los 5 minutos que con pensar que hay que ponerse del todo con la tarea.

Obviamente, hay mucha más tela que cortar sobre la procrastinación y es posible que vuelva sobre ella, pero claro, eso habrá que dejarlo para otro día ;).