Antes de nada, comentar que este boletín se toma las vacaciones habituales de verano y ya nos veremos en el mes de septiembre. Así que espero de veras que puedas descansar o desconectar un poco estas semanas.

Como hemos visto alguna vez, ese descanso es lo más importante, porque es en esas épocas en las que generamos el «músculo» necesario para poder realizar el inmenso trabajo que supone un negocio.

Aclarado esto, entremos en materia.

Es indudable que la mentalidad a la hora de emprender (y de cualquier otra cosa), es clave para el día a día y para no bajar los brazos.

Actúas como piensas, al fin y al cabo. Y cultivar esa mentalidad positiva y resistente es genial, pero hemos de tener en cuenta un «pequeño detalle».

Vivimos en un mundo material y externo, y este es demasiado poderoso.

La semana pasada vimos que el silencio era lo más devastador a la hora de emprender (y de todo en general, la verdad). Pero es que esa corriente es de dos direcciones. Por eso, lo que más ayuda para conseguir tracción y moral de victoria, son también las señales externas de que lo que hacemos está causando un impacto.

O dicho de otro modo: «El éxito engendra al éxito».

El poder de que nos digan que sí

Emprender es una maratón y el camino a nuestros objetivos se parece a una travesía en el desierto.

No hay otra manera, es lo que hemos elegido.

Por eso, uno debe creer en lo que hace a pesar de todo y, en tiempos de adversidad, tenemos que cultivar una mentalidad de apostar por nosotros mismos y que de ahí surja la resiliencia… Pero la realidad es que un solo éxito externo, por pequeño que sea, aporta más viento en las velas de nuestro barco que todo el trabajo interno que podamos hacer en este sentido. O las mil veces que nos digamos ante el espejo que somos los mejores (cosa que no funciona, por cierto, o si lo hace, en muchos casos es para mal).

De hecho, ese éxito suele crear un círculo virtuoso, un momento en el que las oportunidades se nos ponen de cara.

Quien haya leído el libro Lo que no te cuentan sobre emprender, ya sabrá que lo más importante es el timing y, cuando se produce alguna clase de éxito, es nuestro papel explotar dicho timing y tratar de aprovechar al máximo ese impulso, para que ese éxito inicial sea el primero de muchos.

Lo que entienden las personas con dinero

En otro punto del libro, cuando se habla de conseguir financiación para nuestro proyecto, hablo de qué es lo que mira primero «la gente del dinero» cuando le presentamos nuestro plan de negocio.

Son dos cosas:

  • La parte financiera, para ver de qué números se está hablando y si merece la pena seguir hojeando lo que tienen entre manos.
  • La experiencia del equipo y, sobre todo, el posible historial de éxito.

Ese éxito es tan importante, que muchos fundadores que consiguieron algo con una empresa, pueden usar ese «crédito» adquirido para financiar otras posteriores.

De hecho, pueden permitirse fracasar alguna vez y seguir consiguiendo dinero para otras aventuras más, gracias a ese éxito inicial en su haber.

Sin embargo, un historial de fracasos, o una mera ausencia de éxitos, porque somos novatos en un juego con un 85% de probabilidades de fallar, por ejemplo, harán mucho más difícil que alguien abra la cartera.

Por cosas como esta y muchas otras, todos esos que profesan una especie de culto al fracaso, poniéndolo como condición necesaria para el éxito, etc, adoran a un falso dios.

Queda muy bien decir lo del fracaso, y quizá cultive la resistencia necesaria para este juego en algunos tipos de personalidad concreta, pero lo que importa y la vara de medir es el éxito.

Juegos que podamos ganar

Debido a la enorme importancia de este éxito para la moral, la resistencia interna y la percepción externa, algunos recomiendan posicionarnos solamente en juegos que podamos ganar.

Al menos, la mayor parte del tiempo.

Es decir, colocarnos en situaciones en las que el éxito sea más probable.

Un ejemplo son los objetivos diarios en cuanto a tareas y proyectos. Para colocarnos en juegos que podamos ganar, muchas veces debemos reducir la dimensión de esos objetivos y hacer que lograrlos sea más fácil. O restar la cantidad de tareas en la agenda.

Como también se explica en Lo que no te cuentan sobre emprender, esto es perfectamente posible gracias al Principio de Pareto

Los emprendedores tenemos dos tendencias de doble filo:

  • Un optimismo a pesar de todo. Porque si no, nadie se pone a jugar a algo con el 85% de probabilidades de que no salga.
  • Una capacidad para pensar a lo grande. Esto hace que acometamos proyectos importantes y apuntemos a la Luna. Y que a veces acertemos y ejerzamos ese cambio necesario y gratificante.

Pero, por ese doble filo, ambas cosas también provocan, en la mayoría de ocasiones, que nos coloquemos en situaciones donde, simplemente, estamos intentando morder más de lo que podemos abarcar.

Somos demasiado optimistas en los plazos del proyecto, en las ventas del producto, en el crecimiento de la empresa… Y cuando no se cumplen, el golpe moral es importante.

Y la percepción de los demás también se desplaza desde: El tipo que sueña a lo grande, hasta: El tipo que habla mucho y consigue poco.

La cuestión con colocarnos en juegos en los que podemos ganar más fácilmente es que, como el éxito es el mejor combustible, conseguir lo que nos proponemos nos impulsa más y mejor hacia adelante.

Y, por otro lado, todos conocemos demasiado bien el devastador efecto de que nunca parezca salirnos nada.

¿Significa esto que quizá el mejor consejo para la vuelta en septiembre sea atemperar ilusiones y rebajar expectativas?

Pues no queda demasiado bien decirlo en tiempos donde todos proclaman que tu problema es que no piensas lo suficientemente a lo grande, pero, en demasiadas ocasiones, sí.

Hay incluso razones biológicas que tienen que ver con la dopamina (la hormona de la motivación, y no de la recompensa o el bienestar, como dicen algunos) para hacer esto de cara a nuestra moral y cordura.

Pero, sobre todo, es que, si algo he visto durante estos más de 20 años, es que el mundo externo emprendedor está lleno de humo y la cabeza de muchos emprendedores está llena de pájaros.

Por nuestro bien, quizá es hora de abrir la jaula y que vuelen, bajando a tierra y cultivando más escenarios y juegos en los que podamos ganar.