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El maldito dinero
Hoy día hay toda una invasión de gente que juega a ser emprendedora. Suena genial el mito de la libertad y vende mucho lo de tener algo propio. Pero la realidad con la que chocas en el minuto 1 es que, para emprender hace falta dinero.
Y no poco.
Pero es un tema incómodo, porque queda muy bien lo de decir que lo importante para el éxito son otras cosas, e incluso agarrarse a otro mito habitual, que se puede emprender sin él.
Spoiler: No se puede.
No al menos si quieres ir más allá de ser un profesional independiente que vende su habilidad y apenas precisa un ordenador para ello, o desplazarse en metro a la casa del cliente para aplicar las habilidades que sean, como fontanero, electricista, etc.
E incluso en esos casos, comprobarás que hace falta dinero para, por ejemplo, extender la palabra de que existes, porque el marketing tampoco sale gratis.
Verdades y mentiras sobre el dinero a la hora de emprender
El dinero es tan importante a la hora de emprender, que nada empieza hasta que llega, pero todo termina en cuanto se va. De hecho, en cuanto la liquidez sufre, toda la iniciativa sufre hasta que eso se arregla.
Del mismo modo, la regla número 1 a la hora de emprender, la que distingue a los novatos de quienes saben de qué va realmente este juego, es que nunca debes emprender con tu propio dinero.
Es cierto que los economistas pecamos de insensibles, pero tenemos el defecto de mirar siempre el tema del dinero en cualquier situación, porque básicamente, no miente.
Por eso, reglas como la de no emprender nunca con nuestro propio dinero están tan grabadas a fuego, porque da una imagen real de la verdadera dificultad de emprender.
Del mismo modo, se ha demostrado ampliamente, como comento en el libro Lo que no te cuentan sobre emprender, que la cantidad de dinero que posee una empresa cuando empieza es uno de los factores que mejor predicen su supervivencia.
En esos datos no aparecen por ningún lado las ideas o la pasión, aparece el dinero y, por eso, un emprendedor inteligente busca todo el que puede y se asegura de que no sea suyo.
Ni de alguien cercano a quien tampoco quiere ver arruinado, claro.
Sin embargo, cuando el emprendedor trata de buscar ese dinero, se encuentra con otra realidad que también se suele barrer bajo la alfombra.
Que si estás en la fase inicial de idea, prácticamente nadie te financiará.
Sí, ese es el gran escollo contra el que chocan la mayoría de iniciativas nuevas y el problema es que se estrellan incluso antes de salir del puerto.
Eso vuelve a dar una idea de cómo, cuando miras el tema del dinero, obtienes una imagen real, exenta de azúcar y adornos, acerca del tema de emprender.
Nadie quiere financiar en la parte de idea porque, básicamente, las ideas valen cero euros y esa es la financiación que suelen recibir.
De hecho, yo tengo un cajón lleno de ellas y, por supuesto, todas son geniales.
Por eso, la manera más probable de que una iniciativa se financie es cuando ya ha presentado algo al mercado y este lo ha recibido comprándolo, aunque sea un poco.
Este es el motivo por el que se suelen ver más financiaciones para acelerar una empresa que para levantarla desde cero.
Eso pone a muchos emprendedores ante un espejo que, de nuevo, hace saltar muchas nociones erróneas y preconcebidas que se tenían. Si no poseen dinero para financiar su idea, o no deben ponerlo de su propio bolsillo (la cuestión es que puedes hacerlo si quieres, nadie te lo prohíbe, pero es una locura, porque es echarlo a una lotería con el 85% de probabilidades de perderlo), ¿qué haces?
En mi opinión, uno de los principales problemas, tanto a la hora de emprender, como en muchos otros asuntos de la vida, es que ya no abrimos los libros de historia.
La realidad de emprender es que es una actividad que siempre ha estado reservada a aquellos que poseían capital. Hoy se ha extendido la idea de que cualquiera puede emprender, que puedes hacerlo con poco o nada y, en apenas días, ya estarás rodeado de abundancia.
Sin embargo, eso se dice por lo mismo que se dicen la mayoría de cosas: para vendernos. Un curso, un método, un seminario, una ideología… lo que sea.
Pero si abrimos los libros de historia, la realidad es que emprender siempre ha sido una actividad reservada para aquellos que tenían suficiente dinero como para apostarlo, perderlo y que su cuenta bancaria no lo notara.
Poner capital para que en el futuro dé más de lo que pusiste, que es la definición de invertir, actividad que solo tiene sentido cuando tienes dinero suficiente.
Eso nos lleva a otro tema importante:
Lo que más influirá en si puedes conseguir el dinero para tu iniciativa, o no, son los contactos que tengas.
Si te mueves cerca de la órbita del dinero, lo obtendrás más fácilmente, pero si no estás en los eventos, cenas y reuniones de quienes lo tienen, el juego se te ha vuelto mucho más difícil.
Por supuesto, al menos en el caso de España, aún hay otros recursos de financiación, como préstamos ICO a bajo interés y demás, donde no dependerás tanto de estas cosas, pero es importante recordar que emprender es mucho más arriesgado de lo que nos lo pintan, y la culpa es del dinero.
Y que los préstamos se devuelven, lo que me lleva a otro tema que a veces se ignora y es nuestra perdición: absolutamente nunca financies una empresa con préstamos personales.
Nunca, en serio.
Ah, y una última consideración sobre el tema, que creo que ya he dicho alguna vez, pero conviene recordar cuantas más veces, mejor.
Si necesitas dinero, tampoco emprendas bajo ningún concepto.
Porque ya seréis dos los que lo vais a necesitar, tu empresa y tú, de forma que, lejos de arreglar tu problema monetario, lo habrás multiplicado.
Lo sé, las charlas sobre dinero cuando emprendes son deprimentes. Los economistas solemos serlo con casi cualquier charla en realidad.