Hace tiempo, hablaba de una verdad incómoda con la que me he tropezado durante estos más de 20 años trabajando con empresas y emprendedores de todo tipo. Es el hecho de que, en el contexto actual, si queremos tener probabilidades de alcanzar un mínimo éxito, debemos tener alguna clase de superpoder.

No hay vuelta de hoja ni manera de esquivar esto.

Superpoder en lo que hacemos (ya sea un producto o servicio), superpoder a la hora de promocionarlo y superpoder incluso a la hora de hacer contactos (veremos qué quiero decir con esto).

Pero, francamente, puedo contar con los dedos de la mano las iniciativas que me he encontrado y con las que he dicho: «guau». Guau por lo que ofrecían, por cómo trabajaban o por lo que eran en general, su cultura, sus metas o la historia que contaban.

El 99% de ellas hacían y hacen más o menos lo mismo que la competencia, a más o menos el mismo precio y, sobre todo, con más o menos la misma desgana.

El problema del derecho de nacimiento

La realidad es esa, pero ese 99% de negocios también decía, con más o menos convicción, que ellos sí eran especiales. Se pensaban con alguna especie de derecho de nacimiento respecto al éxito, pero, cuando analizas desde fuera (sin esa mirada con la que mi abuela también me decía que yo era el más guapo), no es así, ni hay derechos por el mero hecho de existir.

No sé si esa distorsión viene de cuando nos dijeron de pequeños que éramos especiales, teníamos talento o llegaríamos donde quisiéramos, pero la enorme mayoría de empresas piensa que es Apple, cuando en realidad no genera una mínima emoción con lo que hacen o cómo lo hacen.

Y si no se la generan ni a quien están pagando para trabajar con ellos, mucho menos lo harán en quien tiene que pagarles a ellos.

Es hora de abandonar fantasías de creerse reyes con derechos de nacimiento y ganárselos de verdad, construyendo esos superpoderes.

Los tres pilares

Las cosas han cambiado mucho en poco tiempo. Ahora hay una saturación insostenible y me hace gracia cómo se vende que esta es una época donde emprender es más fácil que nunca y más al alcance de todos.

Puede que emprender sea más fácil, no lo niego, pero tener algún éxito haciéndolo es más difícil que nunca.

Las barreras de entrada pueden ser más pequeñas para algunas actividades, pero eso también significa que afrontaremos mayor competencia. Que los demás tienen igual de fácil que nosotros crear un negocio y saturar más un contexto en el que ya no se cabe y no se oye nada del ruido que hay.

De hecho, los retos principales también han cambiado con el tiempo y, en estos años, he podido comprobar cómo el más complicado ahora mismo es el de la visibilidad.

En serio, cuando empecé, un poco de marketing bastaba, porque nadie lo hacía y en el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero eso también cambió hace mucho.

Hoy resulta más fácil crear algo interesante que conseguir visibilizarlo y que el mundo sepa que existe, porque hay cada vez menos atención disponible y más estímulos e intereses buscando atraparla.

Por eso, si antes bastaba con tener alguna clase de superpoder en alguno de los tres pilares fundamentales: producto, marketing o contactos, hoy es imprescindible poseerlo en los tres.

En producto, por lo que he dicho al principio. Si has venido a hacer lo mismo, mejor no vengas, ese es el cimiento básico. Hay ya un océano entero de empresas y ser otra gota de esa agua no es la respuesta que buscamos.

Precisamente por ese océano de gotas indistinguibles, tenemos que destacar por encima de las demás a la hora de promocionarnos, pero de nuevo, el marketing es blando e ineficiente. Como con la oferta, se hace más o menos lo mismo que los demás, rezando para que funcione.

Ya no basta con promocionar un producto especial, es necesario promocionar de manera especial ese producto especial.

Anuncios diferentes, incentivos distintos, un mayor toque humano, hacer más llamadas que el resto, tener un sistema de mejora de anuncios superior para encontrar antes a los ganadores… De alguna manera, tenemos que hacer más que la competencia en algún aspecto del área más importante hoy día.

De nuevo, dejarse llevar por la corriente en marketing no nos ganará la carrera, igual que no lo hace cuando se trata de producto.

Y luego está el tema del superpoder a la hora de los contactos. Con eso me refiero a ofrecer algo especial a los que nos rodean. Porque todos queremos estar en el círculo de los mejores gracias a lo que nos pueden aportar, pero ¿qué les aportamos nosotros a ellos?

¿Por qué motivo los mejores van a querer estar cerca de otro clon que no pone nada especial sobre la mesa?

No muchos se lo preguntan y son menos aún los que trabajan en construir las respuestas, de nuevo, porque tenemos instalado esa especie de derecho de nacimiento por el que creemos que los demás harán una excepción en nuestro caso. Pero si estuviéramos en la situación de esos contactos poderosos, seríamos los primeros que no haríamos una excepción con nosotros mismos.

Esperar de los demás lo que nosotros no haríamos es algo muy humano, pero una pésima estrategia de negocios.

Y creerse reyes puede estar muy bien para discursos motivacionales de todo a 1 euro, pero nos van a comer con esa actitud.