Hay una técnica extremadamente útil para los negocios que parece no estar ya muy en boga, y es la de intentar arruinarlo.

En serio, me explico.

Una de las mentalidades más poderosas cuando eres emprendedor es la de tratar de arruinar tu negocio y esto se aplica de dos formas muy diferentes.

La primera es teniendo la mentalidad de que, una vez el cliente haya hecho negocio con nosotros, no nos necesite más.

Eso es todo lo contrario a maximizar los beneficios, donde queremos que el cliente nos necesite todo lo posible, pero, a la hora de crear o mejorar nuestro producto o servicio, conviene adoptar esta mentalidad.

Porque si nos preguntamos cómo podríamos dar tanto valor al cliente como para que no nos necesite nunca más, probablemente construyamos esa oferta que es un deleite y de la que ya he hablado en alguna ocasión.

Porque menos que ese deleite ya no vale y, si no pensamos con la actitud de arruinar nuestro negocio, no llegaremos hasta ahí.

Otra variante de la técnica, que me sirve para introducir el siguiente tema, es pensar en el producto perfecto que, en caso de llegar al mercado, haría que nuestra empresa se arruinara, porque no venderíamos una escoba a su lado.

Por supuesto, la clave práctica es que, cuando tengamos claro cómo sería ese producto que nos arruinaría, lo hagamos nosotros.

Y eso conecta con la otra manera de usar la técnica de arruinar nuestro negocio.

«Equipo Rojo»

En estrategia, tanto empresarial, como militar o de otros ámbitos como la ciberseguridad, se utiliza lo que se llama el «Equipo Rojo». Dicho equipo está formado por un grupo de personas cuya misión es pensar y analizar todas las formas posibles en las que podría destruirnos y arruinarnos.

Por ejemplo, cuando se trata de la seguridad, el Equipo Rojo se encarga de planificar cómo desactivar las defensas o hacer una brecha en el perímetro físico, informático o del tipo que sea.

Cuando se trata de un negocio, ese equipo está enfocado en el segundo uso de la técnica que he comentado.

La cuestión es que usar el Equipo Rojo expone nuestras vulnerabilidades, de manera que podemos vacunarnos contra ellas.

Sin embargo, esta técnica, además de caer en desuso porque muchos piensan en cómo atrapar y exprimir, en lugar de cómo deleitar y fidelizar, también se ignora porque no es cómodo ni agradable pensar en estas cosas.

No nos gusta admitir debilidades y los emprendedores somos dados a cuentos de la lechera donde está claro que nuestro producto es superior y nosotros lo mejor que le ha pasado al mercado.

Pero hay un problema…

…Que siempre hay un Equipo Rojo

Si estamos en un negocio rentable, tenemos un producto que se vende o nos encontramos en un sector mínimamente competido (que hoy día vienen a ser todos), hay muchos otros que están pensando, en este mismo instante, en cómo quitarnos el pastel.

Hay competidores al acecho debatiendo cómo arruinarnos con un deleite superior y cómo pueden quedarse con todo. Puede que los conozcamos y puede que no, o puede que nos conozcan o puede que no, pero eso da igual.

Los que conseguirán algo van con esa mentalidad y, si son mínimamente buenos, nos arruinarán y están pensando activamente en cómo hacerlo.

Así que mejor que nos anticipemos y lo hagamos nosotros primero, que empecemos a pensar en cómo arruinar nuestro negocio.

Porque lo parezca o no, es una de las cosas que más beneficio nos va a dar.