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3 cosas que he aprendido sobre los negocios este año
Cada cierto tiempo, especialmente en los últimos meses del año, comento algunos de los aprendizajes más importantes.
Como suele pasar con las personas, muchos de ellos son, en realidad, «reaprendizajes». Cosas que sabías, o se supone que sabías, pero que vuelven para recordarte que seguían ahí y las habías dejado de lado.
Así es la naturaleza humana y así es la vida, que suele ser un círculo que recorremos. Uno que, si tenemos la buena suerte de haber aprendido (o la mala de haber olvidado) nos hará pasar por el mismo punto varias veces, pero nos pillará en otro nivel, esperemos que mejor.
Pero bueno, suficiente filosofía de barra de bar, así que empecemos con 3 de las cosas que he aprendido este año.
1. Que hay que desconfiar de todo y avanzar con saltos de fe controlados
Sin esos saltos de fe medidos en situaciones de incertidumbre, que no sabemos cómo acabarán por muy buenos que seamos, nada es posible en los negocios. Eso se refiere a casi cualquier situación, cómo por qué oferta apostar, con quién hacer esos negocios o no, qué método de promoción utilizar…
Al final, hemos de entender que es imposible controlar o saber todo, de modo que hay que hacer apuestas que pueden salir mal, apretar el gatillo en algún momento y saltar al vacío sin red.
Con todas las precauciones que podamos, claro, pero al final siempre es sin red y, en caso de duda, la respuesta a cuándo dar ese salto suele ser, probablemente, «cuanto antes».
Si no estamos dispuestos a que nuestra vida sea esa sucesión de apuestas y saltos, y no manejamos la incertidumbre ni los fallos de una manera mínimamente constructiva o profesional, no pasa nada, pero ser emprendedores no es lo nuestro.
Este año me he encontrado varias veces con dos caras de esa moneda.
Los que pretendían tenerlo todo controlado y pedían seguridades imposibles (uno de los peores tipos de clientes, por cierto, que debemos evitar a toda costa), y quienes no se lanzaban nunca y racaneaban en audacia e inversión.
En ese último caso, los saltos tímidos siempre se van a quedar cortos y la habilidad clave es ser capaces de medir (más o menos) el punto medio adecuado entre riesgo y previsión.
Pero eso es aburrido.
«Apuesta controlada» no suena atractivo y hoy venden esos sueños sobre ser económicamente independiente, ganar tu libertad o convertirte en el siguiente rico del que todos hablan.
Por supuesto, todo eso son chorradas en el mundo real y, una vez más, este año he vuelto a comprobar otra lección habitual.
Que el mundo y el éxito pertenecen a esos «aburridos», que son capaces de decir «no lo sé» cuando es así, y avanzan con esas apuestas controladas y probabilísticas.
Esas personas, además, son escépticos sin remedio ante todo lo que oyen y ven, y parten siempre desde ese punto.
2. Que el miedo y la evitación suelen ser la mejor brújula
Hace mucho aprendí, pero debo recordarme a menudo, que debo fijarme bien cuándo estoy evitando algo más de lo necesario. Me refiero a esa esquiva de hacer lo que tengo que hacer, ya sea por procrastinación patológica o miedo poco saludable camuflado de otras cosas.
Esa evitación y/o miedo suele ser la brújula que indica lo siguiente más importante que deberíamos estar haciendo.
En muchas ocasiones, la evitación se manifiesta estando permanentemente ocupados con esas tareas de la que hablaba la semana pasada, y que nos mantienen eternamente atrapados, pero, al final del día, no suponen un avance en lo importante de verdad.
3. Que es mejor ser un buen vendedor que un buen gestor
Obviamente, debemos ser ambas cosas como emprendedores (además de expertos en nuestro campo de trabajo, como buenos hombres-orquesta, claro), pero si hemos de esforzarnos más en una de esas dos vertientes, que sea en la de vender.
Eso se debe a que, prácticamente, cualquier problema de una empresa se arregla con más clientes.
Por eso, si tenemos la capacidad de vender, también tenemos la capacidad de arreglar la mayoría de problemas de nuestra empresa.
Además, gestionar puede ser más o menos complicado según la actividad, pero vender siempre es una de las cosas más difíciles que hay, porque separar a la gente del dinero que tanto le cuesta ganar es una de las cosas más difíciles que hay.
Yo soy el primero al que no le gusta vender ni que le vendan, pero la realidad tiene otra forma de ser y me sigue fascinando encontrarme con emprendedores que, no solo no son capaces de vender, sino que no entienden que sea lo importante.
Algunos consideran la venta como algo «sucio», mientras otros prefieren vivir en la creencia de que, tarde o temprano, si algo es bueno, se conocerá y terminará llegando a quien lo necesita.
Basta echar un vistazo alrededor para comprobar que ser bueno no es suficiente (en demasiados sentidos, por desgracia) y que en un contexto de ruido y atención secuestrada, debemos hacer un esfuerzo activo por mostrarnos.
Por eso, ya sea que flaqueemos en mentalidad o habilidad, debemos trabajar la venta y, aunque no creo que nunca me acabe agradando del todo, me temo que no hay otro camino.