5 minutos
Qué hacer en tiempos de incertidumbre
A veces, parece que el mundo se haya vuelto loco a nuestro alrededor, que se viene abajo, o una mezcla de las dos cosas.
Unas veces es el mundo en general y, otras, nuestro pequeño mundo.
Y aun así, la única certeza en tiempos que parecen haberla perdido es que vamos a tener que seguir trabajando.
Ya sea en nuestro negocio o en nuestro puesto, ¿qué puedes hacer cuando todo es incertidumbre, nada parece salir o no tienes claro el rumbo?
¿Qué hacer cuando levantas la vista y todo te supera y la única luz al final del túnel parece ser la de un tren que se acerca?
La respuesta a todas esas preguntas es la misma y también algo anticlimática, pero así suelen ser las verdaderas.
Dicha respuesta es bajar la cabeza y centrarnos en la siguiente tarea clave que tenemos ante nosotros, y solo en eso.
Enfocarnos en el siguiente paso del viaje, en el siguiente poner un pie delante del otro, por poco que parezca que eso nos haga avanzar.
Nada más.
Y hacer lo que podamos en ese momento con esa tarea o paso, porque debemos recordar una de las premisas principales: que somos humanos.
Así que a veces podremos ponernos solamente quince minutos de manera distraída y otras podremos conseguir que esos minutos se estiren, haciendo que la inercia de haber empezado nos lleve un poco más lejos un poco más tiempo.
No importa el cómo, el cuánto o el resultado final de ponernos lo que podamos. No importa ni debemos centrarnos en hacerlo perfecto, sino en hacerlo como podamos en ese momento. Porque lo fundamental es que nos hayamos puesto con ella.
Que hayamos podido distinguir lo importante de entre todo lo que flota a nuestro alrededor en el naufragio y nos hayamos dedicado a eso.
Aunque haya sido un humilde minuto.
La alternativa es que pase ese tiempo de todos modos y no hayamos hecho nada, excepto reforzar la horrible sensación de estancamiento.
O que nos hayamos entregado a una preocupación improductiva o, peor aún, a esas tareas de bajo valor que nos mantienen eternamente ocupados, a la vez que eternamente parados.
Ponernos con la siguiente tarea más importante también contribuye a centrarnos en ella y dejar de hacerlo en todo eso que parece haber perdido la cordura o la estabilidad.
El poder de bajar la cabeza 5 minutos
Seguir con el trabajo importante es, probablemente, la única manera en la que marcaremos una diferencia.
Puede que parezca que no soluciona nada, pero todo camino está hecho también de esos momentos que son como caminar por fango.
Y como no hay manera de evitarlos, mejor empezar con ellos cuanto antes.
Los 2 retos de este enfoque
El primer problema con esto es que, muchas veces, no sabes bien qué debes hacer a continuación, cuál es esa siguiente acción más importante a acometer.
A la hora de emprender, la respuesta es fácil (por fin), ya que el 99% de problemas de una empresa se suelen resolver con más clientes, así que debemos dedicarnos a ellos, a encontrar más y ampliar negocio con los que tenemos, a crear relaciones y nutrirlas.
Y cuando el problema no son los clientes, entonces suele ser el producto.
Puede que no tengamos todavía algo lo suficientemente atractivo que presentar, de modo que debemos seguir trabajando en nuestra oferta o, si hemos presentado esta y la reacción ha sido tibia, debemos devolverla a boxes y trabajar en ella hasta que sea un deleite.
El siguiente problema es que, quizá, sí sepamos lo que hay que hacer y cuál es esa tarea siguiente más importante, pero no nos hacemos el ánimo de ponernos con ella.
Es normal en tiempos de incertidumbre en los que nuestra cabeza no tiene manera de centrarse, por eso no debemos machacarnos más o nos quedaremos aún más congelados.
En ese caso, el remedio con más probabilidades contra la procrastinación siempre ha sido dividir dicha tarea en pedazos ridículamente pequeños y empezar con el primero de ellos.
O bien, usar la fórmula ya comentada alguna vez, si es que no podemos dividir el trabajo en subtareas claras: Nos ponemos 5 minutos nada más.
Las personas solemos gestionar la incertidumbre con la rumiación y la preocupación. Sé bien que ese es uno de mis talones de Aquiles personales, pero esa preocupación es improductiva, una aliada del enemigo más temible, que pase el tiempo y lo que siempre quisimos hacer siga siempre a medias, hasta que se le acaben los minutos al reloj.
Seamos realistas, esto no hará que el mundo encaje de nuevo en sus raíles o se disipe esa incertidumbre. Pero es que mucho de lo que nos preocupa estará fuera de nuestro control y tampoco seremos responsables de ello.
Por eso, la solución casi siempre es perseverar en el trabajo, porque es lo que sí podemos controlar. Y aunque no vaya a solucionar los problemas del mundo, ni del nuestro ni del de todos, sí actúa a veces como un pequeño bálsamo porque dedicamos nuestra energía, incluyendo esa de la preocupación y los nervios, a lo que importa.
Con eso, al menos, tendremos la sensación del deber cumplido y no sumaremos el peso del arrepentimiento al peso de la preocupación.