2024 se marcha a toda velocidad, la que parecen llevar los años desde hace tiempo. Los próximos días de envío de este boletín son el de Navidad y Año Nuevo, así que nos tomaremos un descanso hasta 2025.

Y creo es hora de echar la vista atrás y reflexionar sobre lo aprendido estos últimos doce meses.

Ha sido mucho, pero si me tuviera que quedar con una sola cosa, sería con el enorme poder de los pequeños momentos y las pequeñas casualidades en esto de los negocios (y en la vida en general, pero ese es otro tema).

Es tanto que, por mucho que los emprendedores tengamos esa necesidad casi patológica de control, y de creer que marcamos mucha más diferencia de la que marcamos en realidad, hacen que el poder de cualquier otra cosa palidezca a su lado.

Y como supongo que he de ser coherente con lo que digo a menudo, especialmente sobre el poder del storytelling, creo que pocas cosas dan cuenta de la influencia de esos pequeños momentos casuales como una historia.

Mamá, quiero ser emprendedor

En 1980, Mary era una mujer muy respetada en su comunidad, directora del First Interstate Bank y presidenta de la United Way de King’s County, una importante organización sin ánimo de lucro.

Gracias a su buena labor, Mary entró en el consejo de administración de la entidad principal, United Way of America, donde coincidió con otro alto ejecutivo de una multinacional, llamado John R. Opel.

Allí, Mary le habló a Opel de la modesta empresa de su hijo, compuesta por apenas cinco novatos.

Y esa conversación cambió para siempre el destino del mundo, sin que tuvieran ni idea de lo que estaban poniendo en marcha en ese instante, con algo tan cotidiano.

Porque Mary se apellidaba Gates y la empresa de su hijo Bill se llamaba Microsoft. John Opel era ejecutivo de IBM y habló a sus colegas del hijo de Mary, de modo que Microsoft fue considerada para reunirse de forma preferente con el gigante de la computación que lo dominaba todo… Y elegida para suministrar el sistema operativo que se incluiría con cada PC que fabricaran, el futuro MS-DOS.

La continuación de la historia es incluso más fascinante, con giros argumentales, más casualidades y hechos que demuestran, una vez más, que pequeñas decisiones, azares y coincidencias lo determinan todo.

Nos llamemos como nos llamemos, en nuestro caso ocurre lo mismo. El sí o el no de un cliente, la decisión de perseverar en un proyecto o abandonarlo, la de responder o no a ese correo, la de seguir hablando con el contacto que nos han presentado…

El problema de los pequeños momentos es que solo se puede ser consciente de su poder cuando miras hacia atrás. Entonces puedes incluso pensar que todo estaba claro, pero a toro pasado todos somos toreros y la realidad es que es imposible anticipar qué momentos lo cambiarán todo… hasta que lo han hecho.

Del mismo modo, la vida y el mercado no son equitativos, sino acumulativos. Por eso, los pequeños momentos que lo cambian todo son más proclives entre los que tienen poder, de ahí la enorme importancia una vez más de los contactos y los grupos, en esto y en todo.

2024 ha tenido esos pequeños momentos que podían cambiar la vía del tren por la que circulamos, puede que incluso algunos de ellos no se hayan revelado del todo para muchos.

Pero ¿qué lección podemos extraer entonces de algo que está principalmente fuera de nuestro control y se mantiene desconocido?

La primera es una que repito a menudo, así que no me extenderé, pero tiene que ver con el reconocimiento de una humildad que parece perdida y pasada de moda en nuestro sector.

La segunda es, de nuevo y en la medida de nuestras posibilidades, tirar más veces el dado, intentarlo más: enviar ese correo, insistir en esa llamada, conectar con esa persona, ver dónde nos lleva eso que parece interesante…

La mayoría de veces, como la mayoría de cosas que hagamos en la vida, no llevará a ningún lado, así son las cosas y hay que aceptarlo. Pero puede que, escondido ahí al fondo, en nuestro caso también esté uno de esos pequeños momentos casuales que lo cambian todo.

La lección de 2024, como me temo que será la de 2025 y más allá, es que la suerte reina sobre todas las cosas y nuestro poder a su lado es muy limitado, pero podemos crearla, o al menos podemos crear las condiciones para que esa suerte nos mire y venga.

Al menos en parte, al menos en la medida que podamos.

Así que esos pequeños momentos que lo cambian todo (para bien) es lo que le deseo para el año que viene y que ya toca a la puerta.

Nos vemos en él dentro de unas pocas semanas.

Hasta entonces, muchas gracias por leerme como siempre y mucha suerte para 2025.