El problema número 1 de las empresas es no vender.

El número 2 es la productividad personal.

El hecho de que los días pasan y los proyectos importantes siguen embarrancados.

Esto se debe a muchos factores internos y externos. Pero como no puedo hacer terapia, me centraré en el principal problema externo.

Los demás.

O mejor dicho, lo que nos rodea. Algo que incluye a esos demás y a todas esas circunstancias y sucesos que tiran de nosotros hacia todos lados, impidiéndonos avanzar en dirección a nuestro proyecto.

Ahí incluyo avances como internet, o retrocesos como las redes sociales y el móvil, que hacen que las interrupciones, que antes ya eran importantes, ahora sean lo único que existe.

El fatalismo de la Economía

Del mismo modo, el contexto es demasiado poderoso al lado de la persona. En la economía del comportamiento, los contextos determinan lo que harán las personas.

Cuando un economista quiere que dichas personas actúen de una manera concreta, diseña un sistema, un contexto con sus incentivos, que hará que la persona se comporte como el economista espera.

Luego no siempre es así porque siempre hay un factor imprevisto en lo humano, pero ese es otro tema y, a pesar de la mala fama de mi disciplina, lo cierto es que aspectos desconocidos de la Economía para el público predicen e influencian mucho mejor de lo que muchos creen.

El fatalismo de la productividad personal

Esta es una posición bastante fatalista, porque deja poco a la voluntad de la persona. Que es importante, pero pocas veces más poderosa que lo que le rodea, y esa es una limitación que debemos reconocer.

Cuando no lo hacemos, y creemos que tendremos éxito donde todos los demás fallaron, caemos en la trampa del «siempre ocupados y las cosas sin hacer».

Pero quien reconoce que lo externo es demasiado poderoso, como aboga la economía del comportamiento, entonces emplea otra serie de estrategias.

Para modificar ese contexto, podemos decirle a los demás que no nos distraigan. Podemos advertirles de que si la puerta de nuestro despacho está cerrada no nos molesten, podemos poner una respuesta automática en nuestro correo que diga que no respondemos al instante, sino a ciertas horas… Pero todo eso tiene una eficacia limitada.

Y no tiene cuenta lo psicológico interno, porque cuesta decir que no a los demás y suele tener un precio.

Del mismo modo, muchos se olvidarán de las reglas que pongamos, las ignorarán o vendrán con que lo suyo es importante, porque lo de cada uno es siempre lo más importante.

Por eso, lo más efectivo es esquivar como sea ese contexto y que no nos encuentre, en lugar de enfrentarnos a él.

Eso significa que debemos buscar un tiempo en el que poder hacer ese trabajo profundo de nuestros proyectos críticos, cuando todos los demás duermen o no están disponibles.

El momento ideal son las primeras horas de la mañana.

No solo los estudios demuestran que somos más productivos, y más capaces de realizar trabajos que requieren carga cognitiva, sino que hay algo todavía más importante para el éxito: Que los demás estarán durmiendo o pensarán que no estamos disponibles, porque es demasiado temprano en el día o demasiado tarde en la noche.

Un apunte importante. Aunque una interrupción sea breve y un asunto no exija demasiado, eso ya abre un bucle en nuestra cabeza.

Si cuando me levanto leo el periódico o echo un vistazo al email antes de ponerme con lo importante, ya habrá algún correo que, aunque no sea crítico, supondrá un run run en mi cabeza. O estaré pensando en esa noticia hecha para atrapar mi atención y preocuparla.

No recuerdo ahora mismo qué artista hablaba de que, al final, el día siempre te atrapa.

Los demás y sus agendas siempre te atrapan. Las preocupaciones, los correos y los problemas que siempre surgen te atrapan.

Y cuando lo hacen, te puedes olvidar de tu capacidad de realizar trabajo profundo y concentrado.

Lo mismo ocurre cuando llegas del trabajo. Quizá estés en un entorno más tranquilo (si no tienes familia), pero aun así, llegas cansado y con el eco del día en tu cabeza.

Buena suerte reuniendo la energía y concentración que exigen lo importante.

Simplemente, estaremos demasiado cansados, con la cabeza demasiado llena de ruido. No obstante, dependiendo de la personalidad de cada uno, hay quien es capaz de encontrar paz y concentración en las horas tranquilas de la noche.

Ese concepto de que el día te atrapa inevitablemente vuelve a ser un poco fatalista, pero refleja la realidad.

Cuando sucede, ya solo tienes energía para tareas de bajo valor: reuniones, correos, mensajes, llamadas… También tendrás capacidad de trabajar en detalles, de hacer esto y aquello, pero todos hemos comprobado que el trabajo importante de los grandes proyectos no se puede completar con el tiempo que te sobra.

Emprender es una labor exigente y difícil, que no se conforma con las migajas de tiempo y trabajo que encontremos por los rincones.

No nos engañemos, en una economía de la atención como la que vivimos, esta es lo más valioso y todos tratarán de capturarla.

Esto no suena tan bien como la técnica de productividad de moda que promete la solución mágica, pero es lo que funciona.

O encontramos la forma de evitar el contexto, al menos un momento cada día o a la semana o, mientras seamos humanos, la productividad seguirá siendo nuestro segundo mayor problema.