Otro año comienza y, en dos días, estaremos de nuevo con migas de turrón en el suéter.

Hoy no lo parece, pero será así porque siempre es así.

De modo que durante estas fechas nos prometemos una vez más que no ocurrirá de nuevo, que haremos que 2025 cuente, que las cosas que siempre quisimos se convertirán en realidad.

El problema de las resoluciones y objetivos es que comenzamos con una moral muy elevada, que se quedará en nada dentro de cuatro días, porque ni la moral ni la motivación importan.

Son estados emocionales y, como tales, nada fiables y que se irán como vinieron.

Pero sobre todo, el principal problema es que todas esas resoluciones se basan en hacer más, cuando uno de los principales problemas es que ya vamos saturados sin tiempo.

Como ya sabrán quienes leen esto desde hace tiempo, en un entorno saturado, con una energía y atención en las últimas, añadir más peso en una mochila cargada solo conseguirá que nos hundamos.

Por eso, la solución siempre es hacer menos, no más.

Y funciona para avanzar, aunque no lo parezca, porque el principio de Pareto se cumple siempre y el 80% de actividades que nos saturan no son realmente importantes, no acabarán realmente en nada, ni avanzan objetivos.

Por eso, si hacemos menos, pero hacemos mejor, se puede conseguir más.

Técnicas minimalistas para conseguir los objetivos del año

Otra realidad de la que te das cuenta pronto es que nada complicado funciona. Las personas tenemos una inclinación a pensar que lo complejo debe ser, necesariamente, mejor, pero es justo al contrario.
Así, aprender otra técnica de productividad es, simplemente, añadir otro trabajo más a una cola interminable cuyo problema es el exceso.

Probablemente, la enorme mayoría de los que leen esto se beneficiarían de utilizar una técnica 1-1 para este año:

  • Elegir una sola meta que quieren cumplir.
  • Elegir un solo hábito diario que integrar.

Y ya está, en serio.

Puede parecer aburrido y anticlimático, pero esas son precisamente señales de que tendrán probabilidades de funcionar en el mundo real.

La técnica de la pregunta que importa

Del mismo modo, una de las técnicas que mejor me han funcionado para mi productividad diaria, y sobre todo para eliminar ese sentimiento de culpa al final del día de que lo importante sigue sin hacer, es una productividad más reducida pero más consciente.

Consciente en el sentido de que lo que vaya a hacer y lo que planifique para el día tenga un sentido y un motivo, el más importante, eliminar esa horrible sensación de que ha pasado el día y lo que quería conseguir sigue sin hacer.

De ahí la técnica de no anotar simplemente tareas en una lista para el día siguiente, sino las pocas que respondan honestamente a la pregunta más importante.

¿Cuál es la tarea que si realizara me permitiría sentir que he avanzado y aprovechado el día?

Y responder con una sola tarea.

Esa restricción nos obligará a priorizar y sacrificar otras, y no querremos, pero de nuevo es una buena señal.

Así, durante el día tendré una tarea clave, o como mucho dos o tres que, si termino, sé que me darán esa satisfacción del deber cumplido.
Si las he completado y, aun así, sigo teniendo ese runrún de que las cosas siguen sin avanzar, es que no he respondido bien a la pregunta.

El problema del tiempo y la realidad

Si he respondido adecuadamente, hay que hacer tiempo para esa tarea y el ideal es antes de que comience la vorágine. Reservar para ella los primeros momentos del día en los que somos más productivos cognitivamente.

Debemos pelear por ese tiempo y luego, la realidad es que hay que hacer todas las mil pequeñas mierdas que exigen la vida y los demás. Porque no te puedes librar de la mayoría de reuniones, ni de esos trámites de bajo valor o esas respuestas a emails, es lo que hay.

Personalmente, en más de 20 años en la trinchera, no he visto que nada funcione mejor para conseguir los objetivos que reducir y ser más consciente. Y en fechas como estas, creo que siempre viene bien recordarlo.

Feliz 2025 y mucha suerte para este año.