Estos días estoy echando un vistazo a algunos materiales antiguos que creé sobre procrastinación y que me gustaría corregir, ampliar y actualizar.

Y dentro de esa actualización, hay una técnica que me gustaría compartir, la del 70%.

Cuando esa procrastinación tiene sus raíces en el perfeccionismo, que es uno de los motivos habituales que la produce (aunque no el único, ni mucho menos), esta técnica es efectiva.

La sencillez de lo que funciona

La técnica del 70% no podría ser más sencilla, que es lo que caracteriza a las cosas que funcionan en el mundo real, y consiste en lo siguiente:

Si estás más o menos satisfecho al 70% con algo, adelante.

Si estás un 70% satisfecho con un producto que has creado, lánzalo.

Si estás un 70% seguro de que una decisión es la correcta, ponla en marcha.

Si estás satisfecho al 70% con un texto o cualquier otra cosa, hora de tirarse a la piscina con ello.

Esta regla tiene más poder del que parece a simple vista.

No es solo una forma de superar el perfeccionismo, que ya es un logro en sí mismo, sino también de cultivar un enfoque centrado en la acción, que es lo único que nos acercará a lo que queremos.

Sin embargo, no es correr como un pollo sin cabeza, porque si somos mínimamente profesionales, ese 70% seguramente abarcará lo importante y, de hecho, será superior a mucho de lo que nos rodea.

Lo de lo bueno y lo perfecto

Algunos habrán escuchado la frase (real) de que «lo perfecto es enemigo de lo bueno». Y es verdad, especialmente en un contexto emprendedor en el que el perfeccionismo campa a sus anchas en muchos de nosotros, contribuyendo a esa horrible sensación que hemos hablado en otras ocasiones:

Que trabajas y trabajas, pero el proyecto sigue ahí.

Con el 70% nos forzamos a lo que funciona: lanzarnos cuando algo ya es lo bastante bueno y corregir el rumbo durante el avance.

Porque he aquí la clave, siempre vamos a tener que corregir en cuanto toquemos el mundo real, porque no importa el tiempo que dediquemos a algo, nunca será perfecto. El 100% no existe y la realidad siempre nos exigirá corregir rumbo.

Así que, cuanto antes lo hagamos, mejor.

Una prueba de valor

La regla del 70%, cuando comienzas a comprenderla y a vivir acorde a ella, es poderosa. Seguirla es un acto que requiere valor, porque implica avanzar en medio de la incertidumbre, la ansiedad y la sensación desagradable que surge al poner en el mundo un trabajo que no es perfecto.

O en otras palabras, emprender.

Citando al autor Oliver Burkeman sobre el tema:

«Cada vez que lanzas una obra creativa al mundo, te comprometes con algo o tomas una acción, a pesar de estar solo un 70% satisfecho con tu trabajo o seguro de tus habilidades, no solo estás haciendo algo concreto. También estás expandiendo tu capacidad para actuar en presencia de sentimientos de desagrado, preocupación e incertidumbre, de modo que puedas tomar más acciones, y más ambiciosas, en el futuro».

Eso y que comprobarás que el gran temor de los perfeccionistas no se nos suele cumplir casi nunca y, a pesar de ir con algo que no sea perfecto al 100%, el mundo sigue girando y el cielo no se cae.

2 cosas a tener en cuenta

Como siempre y como todo, esta regla no es, obviamente, perfecta ni apta para todas las ocasiones. 

Por eso, debemos saber cuándo y cómo aplicarla. O mejor aún, debemos tener muy claro cuándo no aplicarla.

Si estamos ante un trabajo que exige una enorme perfección técnica, como inspeccionar la seguridad de un avión o la estructura de un puente o casa, obviamente precisaremos más que ese 70% y no es buen momento para estas cosas.

Del mismo modo, si nuestra procrastinación tiene sus raíces hundidas en el perfeccionismo, nuestra personalidad puede obsesionarse con saber exactamente si estamos en ese 70% o no, y agonizar sobre ello… produciendo de nuevo una procrastinación perfeccionista.

Ambas cosas pueden traer consecuencias no deseables, pero es que la regla del 70% es efectiva y muy poderosa, pero no es 100% perfecta.