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Por qué casi nadie entiende qué es el verdadero marketing
Tras varios años ya con este correo semanal, alguien me comentó que veía que, en algunas ocasiones, los envíos eran más largos de lo habitual (más de lo que la atención actual, destruida por mil pantallas, podía admitir). Y que a veces también, los títulos de algunos correos no eran tan atractivos como otros. Como si en ocasiones no me parara a pensar el asunto de correo más atractivo desde el punto de vista del copywriting.
Y que todo eso, sin duda, redundaría en las aperturas y lecturas del boletín.
Es verdad que siempre debemos tratar de comunicar de la manera más persuasiva, pero pude asegurar a esta persona que, en realidad, ni la extensión ni los títulos eran lo que marcaba una diferencia.
Que tratar de que alguien abriera el email como fuera, o intentar colar el mensaje en las menos palabras posibles antes de que el destinatario pasara a otra cosa, era no entender la verdadera naturaleza del marketing, ni la humana en general.
Insisto en que toda comunicación debemos hacerla lo más atractiva posible, pero esa no es la clave.
Este boletín, que llega a varios cientos de CEOs y emprendedores desde hace ya varios años, mantiene sus cifras de apertura cercanas al 40% como el primer día, y las bajas prácticamente a cero. Obviamente, hay temas que interesan más y otros menos, es normal, pero esas son las cifras sin importar si un mensaje tiene 700 palabras o el doble, como en alguna ocasión.
Escribo siempre lo necesario para transmitir lo que quiero decir de la manera más completa y valiosa que creo.
Qué no es el marketing
Esa obsesión de que todos los títulos sean clickbait y los mensajes muy cortos porque vivimos en la horrible era de los vídeos de 15 segundos, además de contribuir a acrecentar el mal del que nos quejamos y esa atención destruida, no comprende que esto no va de engañar al otro.
No va de trucos para que abras el mensaje como sea, porque sí, si yo pongo que te regalo un iPad, seguramente abrirás a ver qué pasa, pero ¿de qué me sirve eso si la siguiente emoción es la decepción?
Me estoy disparando en el pie, erosionando la confianza.
O el tema de la extensión, que es irrelevante. Mientras se consiga captar la atención con algo que interese al otro, y quizá un buen storytelling, el destinatario seguirá leyendo lo que haga falta.
El marketing no va de trucos para que me escuches como sea y luego tratar de endosarte lo que digo a toda velocidad antes de que te vayas. Porque te irás o no dependiendo del valor que obtengas, no de lo rápido que sea yo.
Si la proposición es basura, aunque tenga cinco palabras, no deja de ser basura. No hay resortes mágicos para convencer de propuestas de mierda y esos trucos no son más que tacticismo condenado al fracaso, como siempre pasa con ese enfoque.
La cuestión de la fidelidad
Por ejemplo, en mensajes como este, si quien lo recibe obtiene algo de valor, aunque sea un rato de asueto leyendo algo, va a mirar el remitente, no los títulos, y decidir basado en eso.
Si eres el que no para de molestar con chorradas, da igual que pongas el mejor asunto de la historia, eres el de las chorradas y ese título seguramente clickbait, porque eres también de los que recurre a eso. Así que no abrirá o pinchará a darse de baja.
Queremos fidelidad, que al final, si somos capaces de comprender de veras cómo funcionamos las personas, viene de la percepción del otro de que recibe más valor del que da.
De eso se trata en los negocios, de que aquel a quien nos dirigimos tenga esa sensación.
Tenga esa realidad.
Pero parece que se nos olvida que la clave de todo es el valor, que esos son los cimientos y que, de manera natural, ese valor se querrá compensar con dinero si este es suficiente.
Todo lo demás será tacticismo, intento de engaño y la sensación para el otro de que, lo único que queremos, es ponerlo bocabajo de los tobillos para que recoger las monedas que le caigan de los bolsillos.
Eso, igual que el uso de trucos para que algo se abra o se pinche, no nos va a llevar muy lejos. Quizá a que alguien caiga una vez y luego no quiera saber más de nosotros, habiendo quemado las naves y su confianza. Buena suerte enviando otro mensaje, porque no lo querrá abrir…
Y nos lo habremos merecido.