Si tuviera una máquina del tiempo y pudiera retroceder 20 años, estoy seguro de que me diría unas cuantas cosas que creo que no me evitarían los tropiezos, pero sí algún que otro disgusto.

Así que, aparte de lo que comenté la semana pasada sobre ir donde está el dinero, estas son las 4 cosas que haría de forma diferente si empezara a emprender hoy. O las que le diría a ese joven lleno de pájaros en la cabeza que se iba a comer el mundo sin saber que está hecho de acero.

1. Centrarme más en las personas y la persuasión

Los más viejos del lugar quizá recuerden una anécdota que he comentado más de una vez: que cuando dejé mi trabajo en consultoría, y me empezaron a decir que me podían pasar contactos y empresas que quizá estarían interesadas en mí, dije que no.

Que prefería tratar de conseguir clientes por mi cuenta, ver si era capaz de hacerlo.

Así que, si retrocediera en el tiempo, me cogería de las solapas y me diría que de ninguna manera. Que este es un juego de personas por encima de todo y dejara de creerme la frase peliculera de: business is business. Que lo personal lo imbuye todo, absolutamente todo, cosa que podía ver clara si miraba atrás, a los distintos trabajos donde la enemistad de los socios hacía que se tambalearan proyectos o que las ventas de mis gerentes se cerraban en comidas a puerta cerrada.

2. Comprender el juego del poder

Otra cosa que me diría es que, dentro de ese juego de personas, el juego del poder es fundamental. Ya vimos sus principales premisas en otro correo anterior, pero es crítico comprenderlo. Y que a mí no me gusta, pero entender cómo funciona puede permitirme, de una manera más objetiva, decidir si voy a entrar en él o no.

Que a lo mejor era que no en muchas ocasiones, pero al menos, comprendiendo estos dos puntos principales, habría puesto menos caras de tonto estos más de 20 años, preguntándome qué falló cuando el producto era perfecto y el discurso de marketing intachable.

3. Probar más rápido

Aunque siempre lo hice en marketing, reconozco que no tanto en productos, donde creaba lo que pensaba que todo el mundo adoraría, para luego darme cuenta de que no era así.

Sin duda, es necesario cultivar la habilidad en nuestra profesión hasta convertirnos en expertos, que entiendan las necesidades del cliente y las satisfagan mejor que los demás, creando productos y servicios superiores alrededor de ellas.

Pero lo cierto es que, incluso el mayor experto no puede desarrollar las capacidades que realmente llevan al éxito seguro:

  • leer la mente.

  • ver el futuro.

Por mucho que creamos saber, el mundo de los negocios y el mundo en general es un lugar demasiado impredecible, con demasiados factores que juegan en lo que ocurre, muchas veces, de manera indetectable.

Por eso, es importante que nuestra idea toque la realidad cuanto antes. La mayoría de las veces eso destruirá a la idea y otras la vapuleará solamente, pero dejándola lo suficientemente viva como para que pueda adaptarse.

Probar, probar y probar (cuanto antes) es una de las mejores filosofías a seguir cuando emprendes.

En definitiva, me diría también que, aunque me convirtiera en el mejor en lo que hago, no me creyera nunca más listo que el mercado o los clientes.

4. Alejarme un poco

Otra de las cosas para las que ser el mejor no te vacuna son los fracasos. Van a llegar y eso es tan cierto e inevitable como que la noche sigue al día.

Y esos fracasos duelen, porque este juego de emprender lo es de personas en más sentidos que en uno.

Adoptar una perspectiva más amplia de mi negocio, más alejada, más profesional y sin tanta implicación es clave para que, si el barco se hunde, no nos hundamos con él. Eso no significa que me importe menos, sino comprender que emprender es una inversión e invertir es un juego de cabeza fría.

De hecho, el verdadero profesional siempre observa lo que hace con una mirada un poco fría. Eso también permite recuperarse antes de las caídas y no dejarse llevar tanto por el orgullo en las victorias.

5. Poner más límites

Límites en general, a los clientes, a la autoexigencia, a la vida profesional para que no invada la personal…

Porque son lo primero que sale por la ventana cuando emprender entra por la puerta. El negocio es importante y, en muchos casos, lo que nos permitirá vivir, pero no es lo único y sin equilibrio, nos quemaremos.

Emprender, por su propia naturaleza y la de muchos que nos embarcamos en ello, es una actividad obsesiva que, además, tiene esa tendencia invasora de todos los aspectos de la vida.

La realidad de ser humanos

En el fondo, reconozco que todo esto no es más que un brindis al sol. Que al final somos nuestra circunstancia, como dijo Ortega y Gasset, y, en realidad, hacemos lo que podemos con la información que tenemos en el momento y las ventajas y limitaciones de nuestro contexto.

De hecho, no sé si soy un poco culpable, como muchos de los que hablamos de estos temas, de transmitir una imagen de supuesto perfeccionismo en acciones y decisiones, de que parezca que siempre sepamos lo que hay que hacer.

Nada más lejos de la realidad.

Porque nadie, me da igual que sea el mayor genio del mundo, puede mirar a través de la incertidumbre. Al final, emprender es caminar por la niebla, y habrá formas mejores o peores de hacerlo, pero no formas seguras ni, sobre todo, perfectas.