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Lo más importante, resumido en una sola palabra
Hoy un mensaje breve, pero quizá el más importante.
Los negocios se pueden reducir a una sola palabra. En serio, esa palabra es emoción.
No lo parece, a muchos les extraña y muchos más no lo comprenden, pero es la realidad. Es el activo principal y el que todo lo mueve, porque:
- Sin emoción no vas a vender. O causas una con el producto cuando lo prueban o experimentan, o se queda en el almacén.
- Sin emoción no vas a ganar esa negociación. O enciendes una chispa en el otro imaginando lo que va a ganar, o te dirá que no.
- Sin emoción, no vas a aumentar la productividad de tus trabajadores. De hecho, con la emoción equivocada, como alienación o disgusto, la reducirás.
- Sin emoción, los clientes no querrán repetir negocio contigo, porque si no han conseguido el valor suficiente (y las emociones positivas que hay detrás), no podremos crecer de manera sostenida y rentable.
- Sin emoción, todo tu marketing no son más que palabras vacías como precio y calidad, o mensajes poco inspirados que, obviamente, tampoco inspiran al otro a que se mueva o se fije en ti siquiera en un mar de anuncios y estímulos.
- Sin emoción, o peor aún de nuevo, con las equivocadas, la disensión y el agotamiento en los socios se hará patente y la empresa perderá fuelle.
Nos guste o no, lo creamos o no, estamos en el negocio de la emoción.
Por eso insistía en el libro Lo que no te cuentan sobre emprender que la verdadera gestión que hemos de hacer es de emociones.
Pero como sabrán los que han leído el libro, esta no es una consigna vacía de autoayuda o similar, sino algo fundamental que, en la práctica del día a día, se refleja en cosas tan tangibles como las expresadas en los puntos anteriores.
El poder ilimitado de la emoción
La emoción es tan poderosa, que ella sola, sin necesidad de una buena oferta detrás, puede conseguirte el dinero y las ventas que deseaste.
Pero también planta la semilla de la ruina si no está cimentada en el valor real.
Un ejemplo claro son todos esos negocios piramidales, los criptotimos varios y la enésima reencarnación de lo mismo de siempre: creer que puedes conseguir algo por nada o mucho sin esfuerzo.
La emoción creada es tanta, que muchos de esos negocios se comportan, literalmente, como sectas y no como empresas, haciendo caso de la emoción, que es tan poderosa como para cegarnos fácilmente ante resultados y números objetivos.
Pero claro, un negocio de verdad tiene una esencia real que proporciona ese valor que a su vez proporciona las emociones. Si no tenemos eso, somos unos timadores y, aunque nos salgamos con la nuestra sin consecuencias que pueden ser incluso legales, nos hemos saboteado el largo plazo por una ganancia a corto.
En serio, es la emoción, no nos quedemos en la superficie y las apariencias, porque si aprendemos a gestionarla, tenemos la verdadera llave…
Y una gran ventaja sobre la mayoría que se queda en esa superficie o encoge el ceño con esas cosas.