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La bala de plata
Cuando la semana pasada hablaba de que uno de los mayores secretos de los negocios era quitar importancia, no me refería en ningún momento a la dejadez, que nos dé igual todo o hacer las cosas de cualquier manera.
Porque darle mucha importancia a las cosas es un signo de miedo en la mayoría de ocasiones.
Cuando estamos agonizando por esa campaña, repasando todo, dudando de si falta algo, dilatando el tema porque creemos que aún tenemos que aprender algo más para hacerlo de forma «perfecta» antes de lanzarnos… suele ser más signo de evitación o procrastinación que de preparación.
Cuando asignamos una enorme importancia a cada derrota, y la realidad es que en la vida y los negocios la mayoría de cosas que intentemos no saldrán y es normal, estamos poniendo en peligro esa salud mental de la que tan poquito se habla cuando es lo más importante.
Y nos estamos apegando a algo que nos lastrará demasiado a la hora de volver a intentarlo, que es lo más importante.
Cuando le damos mucha importancia a algo y no lo soltamos ni tomamos distancia, nos hundimos con ello en caso de que se vaya a pique. Y si resulta un éxito, puede tener consecuencias «negativas» también. Podemos creérnoslo demasiado, dejarnos llevar, relajarnos cuando esto es una carrera que no termina o aferrarnos demasiado a productos e ideas que, como todo, tienen su ciclo de vida, incluyendo el inevitable declive.
Pero la cuestión práctica de por qué quitar importancia es porque no podemos adivinar el futuro y el mayor enemigo del emprendedor es el silencio.
La clave de los productos y el marketing de éxito
Nadie, absolutamente nadie, sabe si algo triunfará de antemano. Ni en el caso de producto ni en el de marketing. Por eso, la clave en ambas vertientes es probar.
Cuanto más probemos, más probabilidades hay de que la suerte (lo más importante en la vida) nos sonría.
Y si no es así, lo intentamos de nuevo con otro email, otra campaña, otra idea…
Pero cuando nos apegamos demasiado a un producto, una campaña o un método de marketing, y nos pasamos meses puliéndolo, construyendo esa bala de plata única en la que ponemos todo nuestro esfuerzo, recursos, ilusión y dinero, casi siempre la dispararemos y la respuesta será ese silencio atronador.
O puede que no, pero apostar por eso es un juego de lotería, tratar de acertar a una diana jugándonoslo a una sola flecha. Además, si apegarnos tanto nos produce los efectos psicológicos negativos que he comentado, probaremos menos, nos desmoralizaremos más y estaremos yendo contra las verdaderas reglas del juego.
Hay que intentarlo más, ver qué da cerca de esa diana e insistir en eso con una mejora continua. De ahí filosofías como las del Producto Viable Mínimo, que no quedan tan espectaculares como otras, pero funcionan.
Por eso quería dejar claro el tema de quitar importancia a las cosas, lo cual implica desapegarnos como el monje zen, no como la persona a la que no le importa nada.
Y recordar también que lo más común es ese silencio y debemos tener la siguiente bala en la recámara, que no necesariamente tiene que estar hecha de plata.