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Las creencias sobre los negocios que más han dañado mis resultados
+++ title = “La conversación que cambió mi manera de hacer negocios” description = “Porque de ellas dependen nuestras acciones y, si las creencias son erróneas, las acciones también” type = [“posts”,“post”] tags = [ “conexión”, “clientes”, ] date = “2025-06-04” categories = [ “boletín” ] series = []
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Las peores creencias se difrazan de los mejores consejos, de frases sensatas, de cosas que suenan lógicas o suenan bien. Y muchas de ellas se inculcan con el objetivo de ayudar.
Pero ya se sabe, el infierno está asfaltado de buenas intenciones.
Por eso, estas son 3 de las creencias sobre negocios que han contribuido a que obtuviera menos resultados a lo largo de los años.
El trabajo duro siempre será necesario
Lo cierto es que pocos emprendedores conozco que no hayan pasado demasiadas horas, y demasiado largas, trabajando en su negocio. Especialmente al principio, esto es normal y yo mismo he tenido más noches en vela de las que me hubiera gustado, pero esta es la verdad:
El trabajo duro, como el mérito, no es condición necesaria para nada en los negocios, especialmente, para ganar dinero.
Si fuera lo que marca la diferencia, mi padre sería el hombre más rico del mundo, pero nada más lejos de la realidad. También es algo que podemos ver a menudo cuando, por ejemplo, es mejor tener capital (que puede comprar trabajo experto de otros) que echar horas y horas en algo para que acabe siendo mediocre.
Muchos de los que emprendemos venimos educados de esa manera con el tema del esfuerzo, y en muchas ocasiones hace que nos dediquemos a ese trabajo duro cuando podríamos «comprarlo» con dicho capital, para que se hiciera más rápido y mejor por parte de un experto.
Las cosas importantes son difíciles
Esta es una variante de la mentalidad anterior y lo cierto es que los que hemos vivido pensando que «las cosas valen lo que cuestan», hemos añadido demasiado coste a esas cosas… reduciendo su beneficio.
No todo tiene que ser difícil, en serio.
Muchas empresas no han tenido éxitos porque hayan hecho algo realmente complejo que les ha costado mucho, sino porque han tenido la suerte, los contactos o el timing (una expresión concreta de la suerte, al fin y al cabo, pero tan importante, que siempre la comento aparte).
Pero inmersos en esa creencia de que las cosas importantes han de ser siempre difíciles, a veces añadimos esa dificultad o preocupación nosotros mismos. De hecho, uno de los efectos negativos más curiosos de ese consejo, cuando se convierte en creencia, es una mayor procrastinación.
Hemos hablado bastante de ella durante estos años y es, principalmente, un fenómeno psicológico, que se ve muy influenciado por la creencia que tenemos respecto a la tarea ante nosotros.
Y lo cierto es que, aunque parezca una tontería, adoptar la mentalidad de que puede que las cosas no sean tan difíciles, o que incluso van a ser más fáciles de lo que creemos (aunque sean importantes, como una reunión o ese email que tanto temes escribir), ha contribuido en no pocas ocasiones a que fueran algo más sencillas y, sobre todo, que procrastinara menos con ellas.
La verdad es que ha sido uno de mis aprendizajes más curiosos, pero «lavarme el cerebro» casi hasta el autoengaño con que ciertas cosas, en realidad, son más fáciles de lo que creo, me ha dado muy buenos resultados.
Lo importante es un buen producto
No, no lo es. El cementerio de productos está lleno de opciones que eran mucho mejores y, sin embargo, cayeron ante rivales mucho más mediocres.
Especialmente hoy día, el producto no es prácticamente nada sin marketing, porque con el ruido que hay y la ridícula atención que nos queda, nadie se va a dar cuenta de que existimos. No importa si hemos inventado el motor de agua.
No iba a hacerlo, pero en estos tiempos hay que matizarlo todo. Obviamente, no me estoy yendo al extremo blanco o negro de que estos consejos siempre son equivocados. Precisaremos trabajo duro, lo importante no es fácil muchas veces y un buen producto importa, pero no son garantía de nada, no son acertados siempre (ni siquiera muchas veces) y llevar estas premisas hacia esos extremos nos lastra.
El mundo, incluyendo el de los negocios, es de color gris y habitado por una enorme cantidad de matices. Saber navegar por ese contexto marca toda la diferencia.
Pero volviendo al tema, a veces, un producto excelente es incluso enemigo de los beneficios. Bien lo sabe Apple, por ejemplo, que va soltando con cuentagotas a sus usuarios innovaciones que los clientes de otras marcas ya disfrutan desde hace años. O que cogen productos perfectamente utilizables y los dejan inservibles con sus políticas de obsolescencia programada tras poco tiempo.
Y sus clientes corren contentos a por más.
Esa es una muestra de que, guste más o menos, el poder del marketing es mucho mayor que el del producto.
Un mal producto con un buen marketing puede vender, pero un excelente producto, sin promoción, es un barco sin viento que no llega a ningún lado.
Y una mala creencia que se mete dentro de nuestra cabeza puede ser un lastre durante mucho tiempo. Especialmente, cuando va disfrazada con palabras que suenan bien o con sentido.