Cuando empecé, muchos me decían que los inicios de emprender son lo peor, pero que cuando la actividad crece hasta mantenerse por sí sola, ya es otro cantar. Que viene la “libertad”. Un poco mi fantasía vital de que, si trabajo y me esfuerzo mucho, llegará un momento en el que podré relajarme y todo será camino cuesta abajo.

Pero es eso, fantasía.

La realidad se ríe de todo eso porque, como bien sabrá quien ha emprendido (o quien simplemente esté vivo) todo es una sucesión interminable de problemas.

De hecho, emprender (y la vida) es, en general una actividad que consiste en una resolución constante de problemas.

Adiós a mi fantasía de libertad (otra más).

El verdadero objetivo al que aspirar con un negocio

Alguien mucho más sabio que yo me dijo hace tiempo algo que me cambió la perspectiva y también la manera de emprender y gestionar.

Que es libertad no existe y no podemos aspirar a no tener problemas, pero sí a tener problemas de mayor calidad.

Problema es no vender, problema de calidad es hacerlo tanto, que precisamos ampliar el servicio al cliente o contratar más comerciales.

Problema es no tener efectivo, problema de calidad es cómo sacarle el mejor rendimiento.

La cuestión es que los problemas de calidad vienen determinados por:

  • Un producto de calidad.
  • Clientes de calidad.
  • Personas de calidad alrededor.

Lo primero es obvio. Si el producto es mediocre, las ventas también lo serán y las quejas de los pocos clientes resultarán numerosas.

Es condición imprescindible tener ese producto de calidad para que todo lo demás sea posible, pero es que, como bien nos habremos dado cuenta a estas alturas, la mayor parte de problemas emprendiendo vienen de personas.

Y esas personas suelen ser los clientes.

La cuestión clave es que no podremos tener problemas de calidad si no hemos elegido bien a dichos clientes. Si estamos en un segmento que solo mira el precio o que no encaja con nuestra visión de la solución, todo será un campo minado de problemas de baja calidad.

Por eso siempre hablo de tratar de acceder a los mejores clientes de nuestro segmento que podamos, a los más afluentes, ricos o que compartan nuestra visión de la solución.

Sin embargo, no son las únicas personas fuente de problemas de baja calidad, ya que estos pueden venir de proveedores, socios, etc.

Si los proveedores de materia prima son mediocres, la aplicación de tienda online es la más barata que encontramos o la logística elegida para llevar nuestro producto se dedica a perderlo, o a decir que el cliente no estaba en casa cuando estaba, tendremos problemas de baja calidad.

O, como le está ocurriendo a un buen amigo ahora, si elegiste un mal socio…

Asociarse es como casarse y la decisión debería ser igual de meditada en ambos casos. De lo contrario, puedes arrastrar problemas con dichos socios desde hace años, como este amigo, en vez de dedicarte a problemas de calidad de tu actividad, como por ejemplo que el público en uno de sus locales se ha disparado y está pensando si abrir otro bajo la misma marca.

Sin embargo, el socio lo tiene tan amargado, que lo importante queda en segundo plano, mientras se dedica a separarse de él.

Lo contrario ocurrirá cuando elijamos bien. Seguirá habiendo problemas y estos no serán pequeños, pero serán de calidad. Serán planificar esa expansión y no debates interminables al teléfono y reuniones a ninguna parte.

La cuestión para mí es que esto resalta una vez más que la cuestión para el éxito o el fracaso son las personas. Dependiendo de las que elijamos (como clientes, socios, proveedores, asesores o empleados) determinarán la clase de problemas a los que nos enfrentaremos.

Y el peor de todos será siempre la desesperación.

Cuando las ventas no van bien, el mejor cliente es cualquiera que desee comprarnos, o el mejor socio será el que acceda a financiarnos, metiéndonos muchas veces en trampas que nos hipotecarán el futuro.

A veces, será necesario eso para sobrevivir y a veces nos equivocaremos y esas personas no serán tan de calidad como parecen, así es la vida.

La cuestión para mí es que seguiré teniendo problemas de baja calidad, porque soy humano y eso es inevitable. Pero al menos, empleando esta brújula de las personas y problemas a los que aspirar, me pude librar de la fantasía frustrante de creerme esas imágenes de emprendedor sonriente en la playa de Bali con el portátil… Además de haber esquivado unas cuantas minas.