En mi experiencia, el consejo más infravalorado y poderoso para emprendedores, y que no se suele escuchar tanto como “sigue tus sueños” o “trabaja duro”, es:

Aprende a convivir con el fracaso y aceptarlo.

Me explico.

Para empezar, nadie habla de esto porque no queremos ni mirar a la cara del fracaso, y menos aceptar algo así en nuestra supuesta “mentalidad ganadora” de emprendedores.

Pero el fracaso es lo más común. Tanto en general, ya que más del 90% de nuevas iniciativas cierra, como a menudo en los pequeños noes y frustraciones del día a día, como que ese cliente se vaya con otro o el proyecto entre manos no acabe de cuajar.

Imaginemos un territorio lleno de zarzas (esos pequeños fracasos diarios) y con un precipicio en el que terminan el 90% de caminos (el gran fracaso final de tener que cerrar). Ahora imaginemos a un supuesto guía “experto” en el territorio que nos dice que no miremos a las zarzas y bajo ningún concepto contemplemos la posibilidad del precipicio.

Obviamente, nos buscaríamos otro guía y seguir esos consejos supondría un suicidio lleno de espinas.

Pero cuando se trata de emprender, hacemos exactamente eso, pero no se nos ocurra pensar en el fracaso, no sea que lo manifestemos mentalmente o alguna chorrada similar.

Hacer eso es como darle la espalda al incendio y decirnos que no existe, solo contribuye a que crezca.

Mirando el fracaso a la cara

Reconocer el fracaso y aceptar que es nuestro compañero de viaje tiene ventajas, aunque no lo parezca. La primera de ellas, que lo que te pilla desprevenido te golpea con el doble de fuerza.

Nada más común que esos emprendedores que se creyeron todas esas milongas que sonaban tan bien sobre libertad o sueños y luego se vieron endeudados y sin un plan de contingencia.

Pero además de eso:

  • El miedo al fracaso paraliza: La mayoría de los emprendedores se obsesionan con no fallar y eso les lleva a tomar decisiones demasiado conservadoras, evitar riesgos necesarios y, en última instancia, estancarse.
  • El fracaso es una buena fuente de aprendizaje: Cada “fracaso” (u oportunidad de aprendizaje, como lo llaman algunos) ofrece información crucial sobre el mercado, el producto, la estrategia y, lo más importante, uno mismo.
  • Curte la mentalidad de crecimiento: Adoptar una mentalidad de crecimiento, como la que promulga Carol Dweck en sus tesis, implica entender que la inteligencia y las habilidades no son fijas, sino que pueden desarrollarse con esfuerzo y experiencia. En el contexto emprendedor, eso significa que los errores son oportunidades de aprendizaje y mejora.
  • Favorece la resiliencia: Aceptar el fracaso fortalece la resistencia, nos forja como al veterano de guerra y nos insensibiliza poco a poco. Eso es fundamental, porque insisto en que el camino emprendedor, necesariamente, está hecho de noes.
  • Puede ser un buen motivador: Muchas grandes empresas y productos surgieron de fallos iniciales. Steve Jobs, por ejemplo, fue despedido de Apple, creó Pixar y volvió para convertirla en lo que es hoy.

Como suele pasar con lo importante, todas estas cosas son más fáciles de decir que de practicar, pero lo cierto es que esa mejor gestión del fracaso se puede trabajar, por ejemplo:

  • Analizando los fallos sin machacarnos psicológicamente: En lugar de culparnos de manera improductiva, podemos hacer autocrítica cuando sea necesaria y luego un análisis objetivo de lo que salió mal, respondiendo a la pregunta de por qué pasó.
  • Definiendo “fracaso” de manera distinta: Viéndolo con la naturalidad que implica que sea lo más común que hay y tratando de centrarnos en esas cinco vertientes positivas de antes, como que sea, por ejemplo, fuente de aprendizaje. Los equipos de élite practican y practican sabiendo que van a fallar y que la excelencia está tras todos esos “fallos”, porque no puede llegar de otra manera.
  • Rodeándonos de personas que también aceptan y entienden el fracaso: Un entorno que fomenta la experimentación y el aprendizaje de los errores ayuda a mantener la perspectiva y la moral.

Sé que estos cambios de paradigma están muy bien y que, cuando el fracaso llega, duele a rabiar de todos modos y supone un golpe importante.

No pasa nada, somos humanos. Pero los buenos formadores en ventas saben que los síes están siempre tras un puñado de noes que no se pueden evitar. Y por eso van contentos a conseguir esas negativas y quitárselas de en medio cuanto antes. No solo no las evitan, sino que corren a buscarlas, pues saben que son etapas del camino hasta el objetivo que desean, la venta y el ansiado sí.

Tenemos que ser como esos vendedores y operadores de élite, cambiar en lo posible nuestra relación con el fracaso y aceptarlo como es realmente.

Lo contrario destruye demasiado en todos los sentidos.