Si queremos emprender y el único objetivo con ello es ser rentable, debemos guiarnos por el mantra de «Dolor y dinero». Lo más importante será elegir el mercado, así que iremos a los que nunca quiebran y siempre tienen demanda: los de la vieja canción, salud, dinero y amor.

Es decir, mercados relacionados con el bienestar, la riqueza y las relaciones.

Eso sí, nada médico si no somos médicos y por favor, ya hay bastantes vendedores de humo en cuanto a riquezas, mentalidades, visualizaciones, day trading y similares, aunque allá cada uno mientras seamos legales.

Dentro del mercado clave elegido, buscar un dolor, y no pensar en términos de producto, sino de necesidades imperiosas.

Es especialmente interesante buscar nuestro propio dolor en alguno de esos aspectos de la vieja canción porque, seguramente, será compartido.

La solución

Luego debemos diseñar la solución que nos gustaría y comprobar si podemos construirla. Puede que sea un producto, puede que un servicio, puede que una mezcla…

Si no podemos construir dicha solución, lo cierto es que hay gran cantidad de problemas, así que repetimos de nuevo y buscamos algo para lo que sí podamos proporcionar un remedio superior.

Cuidado si encontramos algo que nadie está haciendo, probablemente, es una señal de que no es rentable y es importante no confundirse con el hecho de que hemos encontrado una idea genial que no se le ha ocurrido a nadie más.

La competencia

Cuando hayamos encontrado algo que podamos construir o hacer mejor que el resto o que una mayoría, es hora de analizar el resto de soluciones del mercado y tratar de ver si es así.

Para ello, comprobamos las carencias que tienen, las posibilidades de mejora, si hay nichos (es decir, partes concretas del mercado), que no se están satisfaciendo.

No vamos a vender con lo mismo que hacen los demás, debemos tener algo diferente, un superpoder.

Sin eso no seremos más que otra gota indistinguible en el mar.

La construcción

Hemos de conocer a ese público y el bálsamo que ansía, por eso lo de empezar con la mentalidad de arreglar problemas propios en esos tres mercados clave, porque de esa manera, conocemos íntimamente el dolor y cómo nos gustaría que fuera el deseo para calmarlo.

A continuación, construimos el producto o servicio mínimo viable, concepto, porque es importante lanzar rápido y comprobar si nuestras imaginaciones son algo más que eso y hay una dosis de realidad.

Nada más común que emprendedores que se pasan meses trabajando e invirtiendo en una solución que nadie quiere, algo que podrían haber comprobado rápidamente siguiendo estos esquemas de acción.

Así, creamos una web atractiva explicando en qué consiste nuestra solución y compramos publicidad para atraer a público objetivo, ofreciendo el producto mínimo inicial o, si no lo tenemos todavía, lo explicamos y exponemos de forma atrayente.

De hecho, lo ideal es hacer esto incluso antes de ponerse manos a la obra con la construcción de la solución.

Ahí ponemos renders si los tenemos, imágenes, vídeo, mostramos un prototipo si es que tenemos, por ejemplo, uno personal aunque no lo hayamos producido. Cuanto más tangible todo, mejor.

En el caso de un servicio, especialmente uno que suministramos nosotros, esto es más fácil ya que no requiere producción.

El interés

Ahora es fundamental medir el interés de aquellos que atraemos con esa publicidad.

Las buenas palabras no bastan, lo ideal son las compras y las precompras o reservas, esa es la verdadera medida.

Una alternativa, y en muchos casos la ideal, como comento en el libro Lo que no te cuentan sobre emprender, es realizar una campaña de crowfunding, que cubre estos aspectos y revela el verdadero deseo, porque comprobaremos si están dispuestos a financiar lo que proponemos.

Si el dolor es lo bastante grande y nuestra solución lo bastante buena, venderemos, tendremos esa financiación o esas reservas, así que adelante.

A partir de aquí, si tenemos la producción en orden, el (enorme) reto será el marketing.

Habrá que hacer ruido para conseguir que nos vean, porque todos los mercados están saturados, pero bueno, ahí comienza la batalla cuesta arriba por conquistar la colina. Si nuestras pruebas previas eran prometedoras, ahora dependerá de que ganemos en el juego de la atención.

Mucho más fácil de decir que de hacer, pero así pasa siempre con lo importante.

Y esto es, básicamente, lo que haría si tuviera que empezar de nuevo, si solo quisiera rentabilidad por encima de todo o lo que recomendaría a cualquier emprendedor.