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Los emprendedores autoengañados
No hay persona más fácil de engañar que una misma, y los emprendedores somos expertos en autoengaño.
Eso es terrible en muchos sentidos pero, a la vez, es necesario.
Al menos un poco y de forma sana, porque has de autoengañarte pensando que vas a triunfar en un juego donde el 90% fracasa. De lo contrario, nadie emprendería nunca.
La del autoengaño es un línea muy fina que camina en la que te puedes ir fácilmente del lado que no toca.
Por ejemplo, el autoengaño es sano porque permite seguir tratando de vender a pesar de las negativas. De hecho, es clave para vender.
El autoengaño es bueno porque si no crees que vas a ganar, que eres de los mejores y que tu producto es la respuesta a las oraciones de los clientes, ¿cómo podemos esperar que lo piensen ellos?
El autoengaño de muchos pioneros les llevó a hacer cosas porque no sabían que no se podían, de modo que las hicieron.
Y el autoengaño es fundamental porque la dosis sana y curativa cuida el activo más necesario y frágil del emprendedor: su salud mental. Porque no nos tomamos los fallos y las negativas como algo personal ni como un juicio a todo lo que somos, sino como un paso habitual y necesario en el camino.
El autoengaño permite también que nos quede moral para seguir por el camino que nos hemos marcado, a pesar de las dificultades, o bien tirar el dado de nuevo con otro proyecto o producto cuando el anterior nos falla.
Autoengaño no significa inconsciencia
Esa fina línea de la que hablaba consiste, principalmente, en el hecho de que es fácil resbalar hacia la inconsciencia y que esa dosis adecuada se convierta en veneno. Por ejemplo, tirando esos dados sin red de seguridad, creyendo que caeremos de pie porque la suerte favorece a los audaces, cuando solo es una frase que queda bien.
Del mismo modo, el reverso tenebroso de ese autoengaño puede llevarnos a insistir más allá y hundirnos con barcos condenados al naufragio, en lugar de no apegarnos y saltar a otra cosa.
Y el autoengaño es peligroso más que nunca en estos tiempos donde puede estar generado por un engaño externo que nos pone la semilla.
Hoy más que nunca abundan los gurús que te venden su método infalible de inversión, de ventas, de hacerse rico. Juegan con la emoción y aprietan gatillos cuya ignición hace crecer ese autoengaño sano más de lo que debe, produciendo incendios que nos consumirán.
Lo cierto es que emprender es, en general, caminar por una cuerda floja en muchos sentidos, pero eso no vende. El equilibrio y el punto medio pueden ser lo correcto, pero cometen el pecado de ser aburridos y poco atractivos.
Como decía en el libro Lo que no te cuentan sobre emprender, abrazar lo aburrido es una de las mejores cualidades cuando quieres crear cualquier cosa, incluido un negocio. Es lo que permite terminar, lo que permite perdurar, lo que permite autoengañarse, pero en la dosis adecuada.