Antes de nada, feliz 2026 y un anuncio importante.

Debido a ciertos proyectos y compromisos durante este año, el boletín cambiará su periodicidad, pasando de ser semanal a mensual, enviándose ahora cada primer miércoles de mes.

Al final, el tiempo es el adversario más poderoso y lo tendré bastante ocupado, al menos, durante los próximos meses.

La cuestión es que comienza un nuevo año y con él vienen todos esos objetivos y propósitos que, por desgracia, zarpan con ilusión en enero para naufragar en febrero.

Por eso creo que la mejor manera de garantizar lo que queremos hacer no es añadir más cosas a nuestro plato, sino tratar de quitar en lo posible porque, probablemente, el problema es que ya hacemos demasiadas cosas, algo inevitable en la actitud emprendedora.

Por eso, me gustaría compartir tres nociones al respecto que, personalmente, me voy a aplicar para este 2026.

1. Decidir una cosa que dejarás de hacer

Los cambios enormes no funcionan, por eso mejor centrarse en una sola cosa que nos descarrile los días o el ánimo.

Si en nuestro caso es mirar el email lo primero en la mañana o echar mano del móvil en cuanto nos despertamos, y somos conscientes de que eso no ayuda (porque nos mete en la agenda de los demás, en lugar de adelantar la nuestra), hay que eliminar eso.

Sé que es difícil, porque a los emprendedores nos cuesta renunciar, pero pocas cosas más efectivas que encontrar un ladrón de tiempo o de ánimo y ajusticiarlo.

Personalmente, el año pasado me propuse esto con las redes sociales, por ejemplo… Y qué maravilla.

Y no, 365 días después, no me he perdido nada importante.

2. Perseguir lo que no cambia

Otro de los propósitos para este año es dejar de perseguir la moda del momento o el tema de la semana.

Llevo ya 25 años en esto y lo cierto es que, en muchas ocasiones, he tenido que hacer cambios importantes (y complejos), debido a que me he centrado en trabajos, clientes o actividades con una fecha de caducidad demasiado próxima.

Que al principio están bien e incluso son muy rentables por el boom del momento, pero me ha resultado más provechoso ampliar mis horizontes y preguntarme qué es lo que no cambia, qué es lo que mis clientes van a necesitar ahora y en diez años.

Eso implica una enorme fuerza de voluntad, porque parece que todo el mundo lo está reventando con la IA o la moda del momento, y exige mucha disciplina no dejarse llevar por el ruido. Pero, además de que no es oro todo prácticamente nada de lo que reluce, aunque nos vaya bien hoy, las modas suelen tener una caducidad que llega antes de lo que esperamos… Y entonces hemos de empezar de nuevo.

Obviamente, esto pasa con todo producto o servicio, que tiene un ciclo de vida natural donde suele haber un declive tras su punto álgido (de ahí la necesidad de mejora continua), pero cuando se trata de modas, ese proceso se acelera demasiado y nos pone de nuevo en la agotadora casilla de salida.

3. Arreglar lo micro en lugar de lo macro

Adopto los términos de mi carrera de economía para la noción de que, en muchos casos, son las pequeñas cosas las que nos dificultan y roban el tiempo. Ese ámbito «micro» compuesto por la facturación que nos quita horas, el servidor lento que eterniza el trabajo y esas pequeñas cosas que causan una constante fricción diaria.

Imaginemos que perdemos quince minutos diarios por una tontería habitual, solventarla delegando esa facturación, invirtiendo en un portátil mejor o dejando de hacer eso que no compensa nos libera casi doce días adicionales de trabajo al año.

Esa es la verdadera dimensión del robo que realizan las pequeñas cosas, que no parecen marcar una diferencia en el momento, pero esta resulta enorme a medio plazo cuando miras hacia atrás.

El deseo de grandes cambios, especialmente en momentos señalados como este comienzo de año, es algo natural en las personas, pero raramente da resultado.

Sin embargo, la eliminación de pequeñas cosas es mucho más efectiva, debido a que infravaloramos su efecto acumulado.

Ahí es donde se suele encontrar el oro.

Dicho esto, muchísima suerte este año y nos leemos más pronto de lo que parece, aunque solo sea por esa terrible manía del tiempo de acelerar con el paso del año.